La Orden Trinitaria, junto con toda la Familia Trinitaria, celebra, del 17 de diciembre de 1998 al 17 de diciembre de 1999, el VIII Centenario de su Fundación (1198-1998) y el IV Centenario de la Reforma (1599-1999). Ochocientos años de historia de un proyecto evangélico propio iniciado en la Iglesia a finales del siglo XII por el francés Juan de Mata.
En su primera misa Dios le muestra su voluntad: ve a Cristo redentor manteniendo en sus manos a dos cautivos. Dios le quiere dedicado a la obra de la redención de los cautivos: ofrecerá a la Iglesia un carisma evangélico nuevo cuyos elementos esenciales se definen en los términos: Trinidad y Redención. Sus miembros se llamarán "hermanos de la casa de la Trinidad", se dedicarán a las obras de misericordia, y de modo especial al rescate de los cautivos cristianos, a cuyo fín destinarán la tercera parte de todos sus bienes.

En una época de fragor de espadas y de guerras santas, Juan de Mata propone una alternativa evangélica diferente, basada en la caridad, en la tolerancia, en la pacífica convivencia y en la solidaridad cristiana. Su obra es muy bien acogida por el papa Inocencio III y en pocos años se extiende por toda Europa. Ahora se cumplen ochocientos años de acción redentora. Una larga historia digna de ser recordada y celebrada, no sólo por los trinitarios, sino también por las trinitarias y el laicado trinitario, pues el proyecto original de Juan de Mata se ha desarrollado a través de la historia dando origen a nuevos institutos religiosos y a nuevas formas de vida del laicado. Todos ellos constituyen la Familia Trinitaria.

Nuestras celebraciones son dobles, pues se cumplen también los cuatrocientos años de la concesión papal del Breve de la Reforma Trinitaria, llevada a cabo por san Juan Bautista de la Concepción (1561-1613). El santo reformador infundió nuevo vigor y espíritu al carisma de Juan de Mata. "Volver al fervor de los principios" fue el fin de la Reforma.

En el ambiente de preparación al Jubileo del año 2000, sacudidos por el fuerte viento del Espíritu que se respira en estas celebraciones centenarias, toda la Familia Trinitaria vuelve su mirada hacia sus orígenes evangélicos y carismáticos. Desde una fidelidad madura, creativa y dinámica a su carisma original, quiere lanzarse con nuevos bríos a cumplir su misión de caridad y redención en favor de las víctimas de persecución, martirio y opresión. Las nuevas esclavitudes interpelan de modo especial a las trinitarias y trinitarios de nuestro tiempo.

En la comunión de un mismo carisma, los miembros de la Familia Trinitaria, desde distintas partes del mundo, proclaman la verdadera libertad para los que carecen de ella, promueven la dignidad de los pobres y oprimidos, acogen a los refugiados, emigrantes y transeúntes, ayudan a los más necesitados, anuncian el evangelio en tierras de misión, son solidarios con los perseguidos a causa de su compromiso con el evangelio y ejercen el ministerio pastoral según la índole propia de su carisma.

Trinitarias y trinitarios, nacidos "para gloria de la Trinidad y la redención de los cautivos", son hoy en la Iglesia y para el mundo testigos del Dios Trinidad y apóstoles de la redención.