Los Trinitarios en la “Nueva” identidad de la Iglesia
El paso de las Constituciones de 1933 a las de 1969-1983
Ignacio Vizcargüenaga Arriortúa, O.SS.T. Algorta (Vizcaya)
I. El “clarinazo” del Vaticano II
1. Nuevas interpelaciones
La Orden trinitaria, como la entera Iglesia, es un don para la humanidad, una profecía en la sociedad, una realidad esencialmente ceñida a la historia. Cuando la Iglesia se reúne en Concilio en 1962 el mundo occidental está en una cultura en crisis, que en los años siguientes se hará más visible. El proyecto de la “modernidad” está siendo sometido a profunda crítica. La razón absolutizada tiene cada día menos seguidores. Empiezan a surgir nuevas antropologías, “visiones” menos ambiciosas de la realidad y más desencantadas. Los “Weltanschaung” van perdiendo credibilidad. Existe un mercado de ideologías contrapuestas y mutuamente negadoras. La pretendida objetividad de sus propuestas y explicaciones se desvanece pronto apenas se hurga en sus entrañas. La razón queda fragmentada. Los sistemas donadores de “sentido” absoluto y universal van de retirada.
En suma, desde la cultura, desde la sociedad en su globalidad, desde la historia emergen nuevas preguntas, desafíos inéditos para el hombre, para la misma Iglesia. El Espíritu Santo ha ido sembrando profundamente semilla renovadora en los surcos de la historia en los últimos tiempos.
2. Un gran golpe de timón
El acontecimiento que tiene lugar entre los años 1962-1965, conocido como el Concilio Vaticano II, constituye un providencial golpe de timón que afecta a la totalidad de la Iglesia: a su vida intelectual-teológica, espiritual, pastoral y misionera. La Iglesia experimenta, a la luz del Espíritu, una nueva autocomprensión y redefine su identidad. Cambian sus perspectivas sobre el mundo, la sociedad, la historia y el hombre. Surge en ella un talante acogedor, dialogante y reconciliador. El sal del “Syllabus”, justamente un siglo antes (1864), a esta Iglesia ha sido cualitativo[1].
Ha tenido lugar un viraje cristológico y teológico en general. Y, por supuesto, un viraje antropológico. Es cierto que en el Vaticano II coexisten a veces concepciones y teologías diferentes, dando origen a no pocas ambigüedades. A las nuevas visiones y talantes no les respalda, en ocasiones, una teología suficientemente desarrollada. Se ha escrito que el edificio eclesial diseñado en el Vaticano II no ha sido ultimado en su integridad, especialmente en las estructuras internas de la Iglesia[2]. Una lástima, porque ello ha dado lugar a múltiples ambigüedades en el posconcilio[3].
Por eso la reflexión y la búsqueda ha continuado con rigor durante los 35 años posconciliares, sea de parte del magisterio, como de parte de los teólogos, pastoralistas, etc[4]. Esta reflexión ha sido impulsada, por otra parte, por la rapidez con que, en el posconcilio, se han movido los cambios culturales en nuestra sociedad, ofreciendo nuevos retos a la teología.
Se ha subrayado la gran novedad antropológica de los documentos conciliares, especialmente de G.S.[5]. Se halla el hombre plenamente insertado en los misterios de Cristo y de la Trinidad. La antropología cristiana se revela como una antropología iluminada desde el misterio Trinitario. En esta misma perspectiva de antropología trinitaria es contemplada la ética cristiana, subrayando su dimensión comunitaria, universalista, histórico-dinámica[6].
Obviamente, en esta perspectiva, también el mundo se ha revelado más prometedor, pese a que existe el mal y el pecado de las personas y del mundo. Se juzga muy positivamente el dinamismo social, y los triunfos del hombre, cuando son verdaderos, son también victorias de Dios, superando el antagonismo Dios-hombre de Feuerbach. Se ha declarado la autonomía de las realidades temporales; el mundo es en sí mismo profano. Se ha superado así, por primera vez, la visión de la cristiandad medieval. El mundo es soberano en su propio campo. Quedaba muy atrás la visión de Bonifacio VIII.
La Iglesia, en esta perspectiva, trasciende las culturas y los sistemas político-económico-sociales singulares y se hace presente en ellos activa y liberadoramente. Se han ahondado los aspectos encarnacionista y escatológico de la Iglesia, contemplando el “escaton” y la historia en el horizonte de una antropología trinitaria.
3. La vida religiosa en la nueva identidad de la Iglesia
El Vaticano II ha abordado directamente el tema de la vida religiosa en la Iglesia. Lo ha hecho, en primer lugar, en el lugar y momento más oportuno: cuando, en la L.G., ha examinado teológicamente la identidad de la Iglesia, su ser y su misión en la historia. La vida religiosa aparece ahí como un brote peculiar en el tronco eclesial, como una de las expresiones más significativas de la riqueza carismática de la Iglesia. Así en el c. VII de la L.G.
Luego el Concilio dedicó a la vida religiosa un documento particular: el Decreto “Perfectae Charitatis”. Se ha escrito que no es el mejor documento conciliar, que es, incluso, una “ocasión fallida”. Son muchos, sin duda, sus límites, pero constituyó, con los números 42 al 46 de L.G., el pistoletazo de salida para el “aggiornamento” y renovación de la vida religiosa. A estos documentos hay que agregar los Decretos “Christus Dominus” III, a, y “ad Gentes”, II y VI que, pese a su brevedad, aportan también copiosa luz.
Pero el gran movimiento renovador que se pone en marcha a raíz del Concilio no viene propiciado sólo, ni primariamente, por los textos conciliares específicos de la vida religiosa, sino por toda la riqueza y novedad teológica y eclesial del Concilio. Es todo el Concilio, con su espíritu, doctrina, visiones, enfoques y estímulos, el que genera esperanzadamente el impulso renovador de la vida religiosa en la Iglesia.
Este fenómeno renovador ofrece dos aspectos:
1. La puesta en práctica de las normas conciliares sobre la vida religiosa. Un programa nada fácil, pero, entusiasmante, que los diversos Institutos abordaron con ilusión, interés y amor.
2. La búsqueda y profundización sobre la identidad de la vida religiosa, tarea que los documentos conciliares habían dejado inacabada.
Además, los años posconciliares han sido testigos de profundos cambios culturales en la sociedad. Estos cambios han lanzado nuevos retos a la Iglesia y a la vida religiosa en particular. Ello explica la fecundidad teológica y pastoral de la vida religiosa en estos 35 años pasados. La exuberante reflexión teológica posconciliar (eclesiología, cristología, espiritualidad,...) ha afectado también frontalmente a la teología de la vida religiosa, que ha vuelto sus ojos primariamente a la exégesis bíblica. El Magisterio eclesial ha continuado briandando importante ayuda a la vida religiosa tras el Concilio con numerosos documentos de distinto enfoque y finalidad[7]. A su vez la investigación teológica ha hecho un largo y fecundo camino.
Hay una serie de aspectos que se han subrayado con fuerza en esta reflexión conciliar sobre la vida religiosa. Se ha recuperado su carácter bíblico, pneumático, cristológico y eclesial, librándolo de moralismos empobrecedores. El seguimiento de Cristo se ha situado en perspectiva histórica y encarnada. Se ha aludido a un “seguimiento provocativo”, de “terapia de shock” en la Iglesia (Metz), con la mirada puesta en la persona de Jesús y en la historia de los hombres de hoy. La vida comunitaria y los consejos evangélicos son vistos en visión más profética y sapiencial, menos legalista. Se destaca la comunión, la experiencia de Dios, experiencia de Dios, experiencia de comunión y fraternidad en un clima de relaciones inter-personales de calidad. Se desean comunidades que sean “narración del evangelio”, abiertas – no ghetos o isletas – hospitalarias y acogedoras, capaces de compartir proyectos, esperanzas y angustias de los hombres. Comunidades “orantes”, con una oración enraizada en el río de la historia; comunidades contemplativas y festivas, teologales. Comunidades ágiles, liberadas de tradiciones caducas y obsoletas, con rasgos significativos. Más atentas a los valores que a las estructuras. Esta reflexión teológica se llevó a cabo sobre todo en dos centros geográficos: el primero mundo y el tercero, respondiendo a retos diferentes y ofreciendo respuestas a desafíos diferentes. Por ello, las visiones sobre la vida religiosa que nos dan los dos mundos, sin ser plenamente coincidentes, no son antagónicas, sino complementarias.
En la visión del hemisferio sur aparece con trazos vigorosos el mundo de los pobres, el de la opresión como “lugar teológico” y la vida religiosa se ha sentido invitada por el Espíritu a revelarse como “profecía del Absoluto” en las zonas de “frontera”, “a la intemperie”. Desde este seguimiento de Jesús “situado” en la historia del dolor se ha reformulado la vida religiosa al servicio de la dignidad profanada del hombre, de la calidad de vida humana con su mensaje de fraternidad, misericordia y reconciliación, de comunión trinitaria.
Ha surgido en toda la reflexión con fuerza la doble dimensión de la vida religiosa, la profética y la escatológica, inseparablemente enlazadas entre sí.
II. La Orden Trinitaria ante la llamada del Concilio
La larga singladura de la tradición de la Orden desemboca en el Vaticano II. Aquí nace el presente de la Orden.
En este presente debemos distinguir el momento de la reflexión “recreadora” que ha vivido la Orden en el posconcilio y la imagen renovada (la autocomprensión) de sí misma que genera esa reflexión familiar. En este artículo nos ceñiremos a lo primero, dejando para otro artículo la exposición de la imagen de la Orden a que da lugar esa reflexión.
a) El desarrollo de la reflexión posconciliar
1. Comienza una nueva fase
La Orden había iniciado su revisión antes de la celebración del Vaticano II. La habían impulsado a ello dos circunstancias mayormente: la necesidad, común a toda la vida religiosa, de situarse correctamente ante los nuevo retos de una sociedad en intenso cambio durante los dos últimos siglos. La otra circunstancia era más doméstica: había terminado el “cautiverio tradicional” y la Orden debía redefinir, como hemos escrito en otros lugares adelante, su misión en el nuevo contexto histórico social-eclesial. El Vaticano II le ofrecería el marco teológico antropológico-eclesial ideal para abordar en profundidad esta revisión de su identidad. Por eso el Capítulo General de 1965 marca el inicio de una nueva fase para la Orden.
2. Retorno a las fuentes y atención al presente
Las dos palabras claves del Concilio referentes a la vida religiosa habrán sido “innovación” y “actualización”. La vida religiosa debe ser en la Iglesia una “Palabra de Dio” para el hombre de hoy. Por ello el Concilio le hizo una doble invitación: retorno a las “fuentes”, al Evangelio como norma suprema, y a la intención original del Instituto; y, a la vez, atención a los signos de hoy, a los desafíos e interpelaciones del presente para encarnar en él la intuición permanente del Instituto en sintonía con toda la Iglesia.
3. Dos grandes fases
El camino recorrido por la Orden en la profundización y actualización de su identidad, con los ojos puestos en su renovación, ha sido largo y rico en acontecimientos, en debate de ideas, en escucha y oración. Cabe distinguir en él dos períodos:
a) el que se extiende de 1965 a 1971 período en que se elabora la legislación “ad experimentum”, y
b) el que, de 1971, llega al Capítulo General de 1983, en que se aprueban las Constituciones “definitivas”. Este período queda siempre abierto y en permanente creación.
Los dos períodos han sido testigos de numerosos actos, sesiones y documentos en toda la Orden, girando en torno al gran “objetivo” de la “renovación adecuada” de la comunidad trinitaria: por obvias razones, nos hacemos eco aquí, sobre todo, de los que tienen carácter más general y se llevaron a cabo, o con la participación de la entera Comunidad de la Orden, o iban dirigidos a toda la Orden, como los Capítulos y Congregaciones generales, la acción de los consejos y ministros generales, los congresos, cursos, encuentros de oración y de estudio a nivel internacional. Las exigencias de un artículo nos obligarán a acotar el tiempo.
4. Del Capítulo General de 1965 al Capítulo Extraordinario de 1969
4.1. Capítulo General de 1965
Este Capítulo tuvo lugar en Roma del 14 de mayo al 13 de junio de 1965. Aún se había clausurado, pues, el Concilio y no habían sido promulgados ni el “Perfectae Charitatis” (28 de octubre de 1965), ni “Christus Dominus” (28 de octobre de 1965), ni “Ad Gentes” (7 de diciembre de 1965). Mucho menos había conocido la luz el M.P. “Ecclesiae Sanctae” de Pablo VI (6 de agosto de 1966).
Sin embargo, el Capítulo General vio conveniente crear una Comisión General internacional “Pro nostrarum legum recognitione”, delegando al Consejo General el nombramiento de sus miembros. El Capítulo mismo define la misión de la Comisión: revisar toda la legislación de la Orden según las orientaciones y espíritu del Concilio. Asimismo el Capítulo, tras confirmar el Secretariado general “Pro cultu” (en Roma), determinó la creación de los Secretariados provinciales “Pro operibus charitatis” (A.O. VII, p. 28, c.1). Por último se decidió que, antes del Capítulo General próximo, se celebrara una Congregación General, para estudiar y discutir la labor de la Comisión General “Pro legibus”, como se comenzó a llamar a la nueva Comisión (Ibidem). Luego esta Congregación se sustituirá por el Capítulo General Extraordinario – al que precedió un Pre-Capítulo -, que tuvo lugar en Gramby (Canada), siguiendo las orientaciones de “Ecclesiae Sanctae”.
Se tomaron también en este Capítulo muchas decisiones que afectaban a las Constituciones en vigor, algunas de ellas muy importantes, concernientes al “fin peculiar de la Orden”[8].
Todas estas disposiciones del Capítulo General recibieron nueva fuerza de obligatoriedad y urgencia con la promulgación de “Perfectae Charitatis” y, más tarde, de “Ecclesiae Sanctae”, y abrieron un período intenso de estudio y reflexión en toda el área de la Orden. Sirvió de acicate a esta reflexión una comunicación que el padre Ministro General envió a las Comisiones provinciales – constituidas en este intermedio – y a todos los religiosos de la Orden[9]. En esta comunicación se recogen las orientaciones del Concilio tendentes a la renovación de la Orden y actualización de sus leyes. El escrito lleva, además de la firma del Ministro General, la del Presidente de la Comisión General, que había colaborado eficazmente en el mismo[10].
Entre el Capítulo General de 1965 y el Capítulo General Extraordinario, que tendrá lugar en Gramby (Canada) en 1969, se suceden congresos y reuniones a nivel internacional. El Secretariado General Trinitario (“Pro cultu”) organiza el Segundo Congreso Internacional de los “Secretarios para el apostolado trinitario” los días 18 al 25 de septiembre de 1966 sobre el tema la espiritualidad trinitaria[11]. La Comisión General “Pro legibus” celebra también su reunión plenaria los días 26 de septiembre al 1 de octubre del mismo año para revisar e impulsar su trabajo.
Un hecho a destacar es que en 1966 inauguraba el Secretariado Trinitario de Salamanca las “Semanas de Estudios Trinitarios” y la revista “Estudios Trinitarios”, que llevaba unos años publicándose, se orienta ahora decididamente hacia estudios de especialización trinitaria. Asimismo el Secretariado citado pone en marcha Ediciones “Secretariado Trinitario”, en Salamanca, que, tan magnífico servicio prestaría a los estudios teológicos, y en particular a la teología trinitaria.
El 7 de enero de 1967 tuvo lugar un Simposio de historia en Roma[12]. En él se decidió la celebración del primer Congreso de Historia de la Orden en Salamanca el siguiente año, 1968. Este Congreso celebrado en abril (17-25) fue sumamente importante. En él tomaron parte, además de algunos miembros de la Curia General, representantes de las Provincias de España, Italia, U.S.A., Canadá y Francia. El objetivo fundamental del Congreso fue profundizar históricamente en algunos puntos característicos de la identidad trinitaria y, a ser posible, redactar unas conclusiones que sirvieran a la Orden en la misión en que estaba empeñada[13].
El mismo año 1968 tuvo lugar un Congreso Internacional de los Secretariados de Estudios y de Formación en Roma (10-17 de julio)[14] y una Reunión de la Comisión General, Internacional, “Pro Legibus”, ampliada esta vez con otro miembro de cada Provincia (26 de agosto – 6 de septiembre). La reunión tenía como fin examinar la labor legislativa realizada por la Comisión General, en diálogo con las “Comisiones provinciales”, concretamente los primeros capítulos de las Constituciones[15]. Y, ya en 1969, (enero, 23-28) sería Salamanca sede de otro Congreso importante de los Secretariados “Pro Cultu”[16].
4.2. El Pre-Capítulo
Así se llamó al encuentro de oración, reflexión y estudio que se llevó a cabo en Roma del 18 de septiembre al 11 de octubre de 1968. Su fin fundamental era examinar la situación en que se encontraba la revisión legislativa de la Orden con miras al Capítulo Extraordinario que ya se había convocado por el Consejo General para 1969. (Cf. Carta Circular del Ministro General, Miguel Nardone, A.O.VII, pp. 777-779).
El Pre-Capítulo fue convocado en carta fechada el 2 de febrero de 1968. En ella se señalan los participantes y se detallan los temas a tratar, así como el modo en que se va a proceder, invitando a todos los religiosos, en especial a los Provinciales y Vicarios, a promover un intenso período de estudio sobre los puntos señalados en las comunidades provinciales y locales. La Comisión Internacional “Pro Legibus” enriquecida con nuevos miembros por decisión del Consejo General, se reunió en Frascati (Roma) del 26 de agosto al 6 de septiembre para ultimar la preparación del material a presentar al Pre-Capítulo.
Fue un gran acierto la convocatoria de este Pre-Capítulo, porque en él se pudieron subsanar algunas lagunas en la preparación del Capítulo Extraordinario. El padre Ministro General comunicaba a toda la Orden, en fecha 27 de octubre de 1968, las conclusiones del Pre-Capítulo[17]. Se ha constatado que la participación de los religiosos, en algunas provincias, sobre todo, ha sido muy deficiente. Tampoco el trabajo preparado por la Comisión Internacional ha recibido el “placet” de los partecipantes. Se reestructura la Comisión Internacional con presencia más efectiva de la base[18] y se dispone que esta Comisión se reúna en dos períodos, uno en Roma (Frascati) y otro en U.S.A., antes de la celebración del Capítulo Extraordinario que, por amable invitación de la Provincia de Canadá, se decide se celebre en Gramby (Qué-Canada) a partir del 1 agosto de 1969.
4.3. Labor de la Comisión Internacional
En el Pre-Capítulo se oyó con insistencia la voz de los americanos (U.S.A. y Canadá) que pedían, con razón, que el nuevo Código tuviera en cuenta la pluralidad de culturas y sensibilidades en la Orden. Recogiendo esta voz, y acogiéndose a la generosa invitación de la Provincia U.S.A., el Pre-Capítulo dispuso que la segunda de las dos sesiones de la Comisión Internacional “Pro Legibus” se tuviera en U.S.A. De allí se pararía a Canadá para el Capítulo. Ello posibilitaba a la Comisión tomar contacto con dos culturas de la Orden que, a la mayoría de sus miembros, no les eran familiares.
La primera sesión de la Comisión tuvo lugar en Frascati (Roma), del 18 de noviembre al 20 de diciembre de 1968, con participación de todos sus miembros. La segunda, como queda dicho, se celebró en nuestra provincia de Estados Unidos, en Pikesville, Maryland, del 25 de febrero al 20 de junio de 1969. Se reservó una tercera sesión para Canda, los días 21 al 31 de julio; fue nuestra casa de St. Bruno la sede escogida para esta sesión.
Durante estas sesiones la Comisión siguió esta dinámica:
a) recoger las sugerencias y propuestas de la base;
b) estudiar y redactar los puntos;
c) devolverlos a las Comunidades para su análisis y juicio;
d) recoger de nuevo sus observaciones y componer el esquema del Código completo a presentar al estudio del Capítulo Extraordinario o Especial.
5. Capítulo Extraordinario
Fue el punto culminante de esta primera parte del Posconcilio para la Orden. De él saldrían las nuevas Constituciones “ad experimentum”. Se celebró el Capítulo en Gramby (Canadá) y duraron las sesiones desde el 1 de agosto hasta el 16 de septiembre de 1969. Fueron sesiones densas, llenas de responsabilidad y de esperanza, no desprovistas, en ocasiones, de algunas sanas tensiones. El Código fundamental aprobado en este Capítulo fue aprobado por el Ministro General el 17 de diciembre de 1969 (festividad, entonces, del Patrocinio, y hoy, Solemnidad de sa Juan de Mata), tra la debida aprobación de la Santa Sede.
6. Carácter de las “nuevas” Constituciones
(Dejamos para otro artículo el análisis interno)
Estas Constituciones expresan la “nueva” identidad de la Orden en la visión teológica y eclesial del Concilio recién terminado. Indican la naturaleza de la Orden trinitaria en la Iglesia actual, su propósito, su fisonomía y su misión.
El nuevo Código presenta novedades de visión teológico-eclesial, de contenido, de enfoque y estilo, siguiendo las pautas y orientaciones de la Iglesia conciliar. Se ha tratado de situarlo en la eclesiología del Vaticano II de honda raíz trinitaria, cristológica y pneumática. Se ha hecho un gran esfuerzo para conectar con las “fuentes”, con el Evangelio, suprema norma, y con la inspiración primigenia de la Orden y su desarrollo en la tradición. Todo en visión dinámica, histórica y creativa.
Las Constituciones de Gramby suponen un gran avance en la reformulación de la identidad de la Orden con respecto a las Constituciones de 1933, en parte corregida y enriquecida en el Capítulo General del 1965[19]. Se da ahora un gran paso. Las Constituciones son contempladas como explicitación, desarrollo y adaptación a los tiempos de la Regla de san Juan de Mata. Por eso el Capítulo de Gramby pidió que en el frontispicio constitucional aparecieran las dos redacciones más importantes que ha conocido la regla trinitaria: la primitiva, aprobada por Inocencio III, y la reformada, que había sido promulgada por Urbano VIII el 25 de septiembre de 1631[20]. “La Regla de san Juan de Mata, aprobada por Inocencio III es, en cuanto a los elementos esenciales, principio y fundamento del espíritu de la Orden”[21]. Se valora igualmente la tradición, en especial “el espíritu y la obra del Reformador”, como fuente “enriquecedora”[22].
En la elaboración del nuevo Código la Orden ha tratado de conjugar dos fidelidades fundamentales: a la inspiración original y al presente histórico. Se ha buscado encarnar en el contexto actual de la sociedad y de la Iglesia la inspiración perenne de la Orden, atenta a las interpelaciones del presente.
Hay una nueva sensibilidad en las Constituciones de Granby, en sintonía con toda la sensibilidad de la Iglesia conciliar. Una doble mirada guía sus 274 números: la mirada al Jesús del Evangelio, revelador del Padre y sacramento del Amor Misericordioso de Dios Trinidad; a Jesús glorificador del Padre y redentor del hombre. Y la mirada al hombre de hoy, angustiosamente cautivo en sus cadenas y cepos. La doble mirada está dirigida por la gracia vocacional y carismática del Espíritu en el interior de la gran comunidad cristiana.
Más adelante señalaremos los valores, los acentos y las primacías con que se forja la identidad trinitaria a partir del Concilio.
7. Del Capítulo Extraordinario al Capítulo Ordinario de 1971
Pasados los tres meses del “vacatio legis” las nuevas Constituciones entraron en vigor el 17 marzo de 1970. Con este motivo dirigió el padre Ministro General una nueva carta circular a toda la Orden subrayando la importancia del hecho y reclamando la mayor responsabilidad de parte de todos, en especial de los provinciales y ministros locales. En ella explica también el Ministro General cuáles son los ejes sobre los que se mueve el Código apenas estrenado[23].
En efecto, terminado el Capítulo Extraordinario o Especial, la Orden estableció dos importantes tareas:
a) lograr que las nuevas Constituciones llegaran a calar en las Comunidades y religiosos; y
b) contemplar la legislación de la Orden, puesto que el Capítulo de Granby únicamente había aprobado el “Código fundamental”, las Constituciones.
Quedaba aún todo lo referente al llamado “Directorio General” de la Orden a los Estatutos varios de carácter general, a más de los Estatutos provinciales y vicariales.
Se inició así la obra de la mentalización en la Orden, sea a nivel general como a nivel de las Provincias y Vicariatos. A nivel general fueron sobre todo los Secretariados de “Formación” y “Pro Cultu” los que llevaron la iniciativa (Cf. A.O.VIII pp. 42-44), colaborando también en los programas de algunas provincias. Provincias y Vicariatos celebraron reuniones, congresos de estudios y reflexión. Quiero destacar los Congresos que organizó la provincia de san Juan de Mata (Italia) en Saló (Brescia) del 1 al 4 de abril de 1970 sobre el tema “Le nuove Costituzioni dell’Ordine”, para los jóvenes estudiantes, y en Fiuggi (Roma), para los sacerdotes, del 6 al 11 de junio del mismo año[24].
Para completar el estudio de la legislación, el Capítulo de Granby había dispuesto que se creara una comisión internacional “Pro Directorio Generali parando” con el fin de que el próximo Capítulo Ordinario de 1971 pudiera discutir y aprobar la legislación general restante[25]. La nueva Comisión tuvo sus reuniones en Frascati, S. Crisogono (Roma) y en Fasano del Garda, desde el 11 de febrero al 21 de septiembre, con algunas interrupciones por medio.
b) Profundizando la nueva imagen
1. Capítulo General de Cori, 1971
La nueva legislación, con la imagen trinitaria actualizada, fue recibida con general simpatía en la Orden, sin apenas oposición. Pero la impresión que se tiene en el Capítulo General de 1971 (Cori) es que se ha encarnado poco la nueva imagen, se la conoce, incluso, demasiado poco.
Pienso que la visión de la Orden que ofrece el padre Miguel Nardone, Ministro General saliente, en el citado Capítulo[26] es excesivamente negativa y no tiene suficientemente en cuenta aspectos muy positivos observables en las comunidades. Sin embargo, es innegable que existe un serio problema de mentalización, de encarnación y de renovación. La vida religiosa en general ha conocido en este inmenso y multiforme cambio que se vive tras el Concilio, un “shock” difícilmente controlable. Han caído unas leyes, unos modelos y unos usos y a veces los viejo y lo nuevo se dan codazos. Además, parece que el nuevo viento huracanado está barriendo también, junto a lo caduco y obsoleto, algunos valores irrenunciables. Se está olvidando que la renovación va de la mano de la conversión. No bastan las leyes ni las ideas. Deben florecer experiencias evangélicas.
Con esta mezcla de esperanza y preocupación llega la Orden al Capítulo de Cori en 1971[27]. En él se examina y aprueba el Directorio General y algunos Estatutos especiales de régimen general. Se estudia y aprueba también el nuevo Directorio litúrgico de la Orden. Se ha definido también la estructura jurídica de las Misiones de Madagascar para el futuro, y pasa a ser Vicariato General la Delegación de Austria. Pero lo que de verdad preocupa a los Capitulares es impulsar la renovación de la Orden en la línea que marca su identidad actualizada. Analizada la situación, se buscan los medios que se estiman más eficaces.
En la Carta Circular que dirijo[28] a la Orden tras el Capítulo, se indican los objetivos que la Orden se propone para los próximos seis años[29]. Es un compromiso que asume la Orden entera.
2. Un sexenio movido
El Consejo General, por su parte, se constituye desde el primer momento en animador de todo el programa. Serán los Secretariados generales, todos ellos reestructurados y algunos nuevos, los principales instrumentos de animación. En fecha 8 de diciembre de 1971 se da a conocer a la Orden en una Circular el programa de los Secretariados para todo el sexenio, que luego se irá concretando año tras año[30].
Se han creado también, a tiempo pleno, las Comisiones de Historia de la Orden y de Espiritualidad con tareas muy concretas[31], así como el “Centro de Información” para la Orden[32]. En la citada Circular se anuncia la voluntad del Consejo:
a) asumir plenamente su rol propio e inabdicable;
b) promover la colaboración de todos los religiosos y comunidades en el respecto del principio de subsidiaridad y sin confusiones ni injerencias, pero sin renuncias irresponsables.
En la misma línea me disponía a realizar las visitas pastorales, como se decía en otra carta[33].
Todo este programa tiene un motivo convergente: dar a conocer y dinamizar en la Orden el nuevo espíritu y la identidad renovada que tanto gozo y entusiasmo suscita entre los que la van conociendo.
Se ponen también en marcha las Congregaciones Generales que la nueva legislación prevé cada dos años. Se celebraran durante el sexenio tres importantes Congregaciones sobre puntos clave de nuestra identidad. La primera tiene lugar en Cittadella S. Paolo (Roma), del 8 al 13 de enero de 1973, y asume como tema de reflexión “La Vida Comunitaria”, la “formación trinitaria” y el “apostolado caritativo-social y misionero”. La segunda se celebra en Wissous (París) al término del “Año trinitario”, del 30 de septiembre al 10 de octubre, con ocasión del 775 aniversario de la fundación de la Orden y 375 de la Reforma. El tema de esta Congregación es:
1. “La pobreza religiosa hoy en la Iglesia”
2. “Sentido y finalidad de la distribución de bienes en tres partes en la Regla y tradición de la Orden”.
Se debate también sobre la conveniencia de crear la “Caja Central de la Redención” y se dispone que se cree en Roma, Curia General, un “Centro Trinitario de Liberación”, cuyas funciones se definen. Se da, por último, mandato al Consejo General para instituir en Cerfroid o Faucon una “Casa de oración” para toda la Orden.
La tercera Congregación, finalmente, tiene lugar en Antananarivo (Madagascar), a petición de los misioneros, del 3 al 15 de octubre de 1976.
El tema escogido fue el Apostolado de la Orden, subdividido en tres partes:
a) “la Caridad redentora, alma del apostolado trinitario”;
b) “Campos preferidos de nuestro apostolado redentivo en la Iglesia de hoy”;
c) la Caridad redentora y las Misiones trinitarias.
Fue, en verdad, una reflexión muy fecunda y de gran impacto.
Las tres Congregaciones emanaron, a su término, sendas comunicaciones de gran importancia para hacer partícipes a todos los hermanos de la reflexión congregacional, y para que esta reflexión continuara creadoramente en la entera Comunidad de la Orden[34].
Sin duda, la reflexión más profunda que la Orden ha hecho colectivamente en el Posconcilio tuvo lugar en Roma, del 16 de diciembre de 1973 al 10 de enero de 1974. Fue un “Curso de formación trinitaria” organizado por el Consejo General y abierto a todo la Familia trinitaria. Se celebró con ocasión del 775 aniversario de la aprobación de la Regla trinitaria (1198). Con este motivo se declaró “Año trinitario” el período comprendido entre el 17 de diciembre de 973 y el 17 de diciembre de 1974. El tema del curso decía “oración, reflexión y estudio en busca de nuestra identidad de ser y acción” en el nuevo contexto eclesial-social[35]. Las conferencias del Curso y los consiguientes diálogos fueron publicados en tres volúmenes ciclostilados con el título “El Trinitario hoy”, traducidos a las principales lenguas de la Orden.
Merecen especial mención también los Congresos Internacionales promovidos por el Secretariado General “Pro Cultu” en Córdoba (España), del 15 al 22 de marzo, y en Salamanca del 13 al 15 de octubre de 1972. El primero escogió como tema “La renovación y relanzamiento de las Asociaciones trinitarias”[36], mientras el segundo se centraba en “Las dimensiones y exigencias de una formación trinitaria actualizada”[37].
Por mi parte, y en calidad de mi servicio específico, intenté ofrecer mi modesta aportación a la animación de la Orden a través, sobre todo, de las Visitas pastorales[38] y de las Cartas a la Orden[39].
Sea ACASO ÚTIL MENCIONAR TAMBIÉN UNA INTERVENCIÓN EN EL CITADO Congreso de Formación de Salamanca (15-X-1972) sobre “La imagen del trinitario hoy” (A.O. pp. 217-225), y una entrevista en Radio Vaticana sobre “La identidad de la Orden hoy”, 9 de septiembre de 1972 (a.O.VIII pp 231-217).
A nivel de las Provincias y Vicariatos se desarrolló igualmente una labor en general intensa, a través de los Capítulos y Congregaciones. Provinciales y la animación de los ministros y consejos provinciales y vicariales.
3. Encarnar el espíritu
Una de las grandes preocupaciones de la Orden en el Posconcilio ha sido encarnar en ambientes de pobreza y opresión en lugares de esclavitud y cautiverio para llevar a cabo su misión redentora-liberadora. A nivel general de la Orden, y en nombre de todo el Consejo General, llevó esta tarea con gran entrega y eficacia el Secretariado General de Apostolado, sobre todo, a través de la información y animación en las Provincias y Vicariatos. Así nacieron las nuevas fundaciones de Sucre (Bolivia), Guatemala, Brasil, México... en áreas de marginación y supremo abandono. En todas ellas pusieron los Vicariatos en marcha, con la ayuda del mencionado Secretariado, obras de promoción humana, social y espiritual[40].
Con la misma idea[41], lo propio actuó en Madagascar, donde la Orden estaba presente desde hacía años. Se dio un gran impulso a las obras de promoción social paralelamente a la evangelización. El Consejo General intentó, por mediación del mencionado Secretariado, hacerse presente en Polonia, promocionando vocaciones nativas para la Orden y enviando copiosas ayudas a los cristianos marginados[42].
4. En busca de las fuentes geográficas
La profundización del espíritu original de la Orden sirvió también para avivar el deseo de volver a los lugares donde, en 1193, naciera la Orden (Francia) y los que estaba prácticamente ausente desde la Revolución francesa. Fue decisiva, a este respecto, la ayuda personal y económica ofrecidas generosamente al Consejo General por la provincia trinitaria de Canadá[43].
Así surgieron las primeras vocaciones francesas y se abrió, tras diversas experiencias provinciales, una casa de la Orden en París para la formación en 1974[44]. Seguidamente el Consejo General puso su mirada en Faucon (Barcellonnette), patria chica del santo fundador Juan de Mata, y en Cerfroid, cuna de la Orden. Así, en 1977 la Orden asumió la responsabilidad de la casa de Faucon, custodiada con amor y generosidad hasta este año, - al igual que la casa de Cerfroid – por las religiosas trinitarias de Valence. La presencia de los religiosos trinitarios se haría realidad unos años más tarde (1982 en Faucon y 1984 en Cefroid), como una prolongación jurídica de la Comunidad de París. De este modo la casa de Marseille, que durante muchos años constituyó la única presencia de la Orden en Francia, pasó su “testigo” a la de París quedando ella en un segundo plano[45].
5. Estudios de historia y espiritualidad
No podemos silenciar el trabajo que se fue realizado, durante el período que historiamos, en el campo de la historia y espiritualidad en la Orden. La Comisión de espiritualidad empezó centrando sus estudios en algo que se consideró urgente: la figura del reformador Juan Bautista de la Concepción. A este efecto, su labor se orientó a la preparación de una edición crítica de sus obras.
La comisión de historia empezó asimismo con seriedad sus investigaciones cuyos resultados irán apareciendo en los años siguientes.
Mientras tanto el Consejo General creyó oportuna la publicación de dos importantes estudios en este campo, a saber, “La Regla de la Orden de la Santísima Trinidad”, cuyo autor es el padre Juan Borrego, editado en Salamanca en 1973; y “Note sulla Storia delle origini dell’Ordine della Sma. Trinità”, debido al padre Ignazio Marchionni, Roma 1973. A estas publicaciones hay que añadir tres más concernientes al tema misional en la Orden: “Madagascar ¡despierta!”, del padre Carlos Mª Zabala, Bilbao 1977, “Un raggio di luce”, del padre Antonio Smoraldi, a la sazón Consejero General, Roma 1977.
Se deben también a los desvelos del padre Antonio Smoraldi, cinco “Documentales” de temática misional. Uno, titulado la “Isla Roja” de 90 minutos de duración está íntegramente dedicado a los 50 años de evangelización de la Orden trinitaria en Madagascar. Los otros cuatro, de 20 minutos de duración cada uno, recogen aspectos diversos de la historia y cultura malgacha.
Por último, mencionamos tres publicaciones más en el área litúrgica:
a) “El Calendario litúrgico de la Orden” (1972)
b) “El “Ordo Professionis” (1973) y
c) “El Propio de las Misas y de la Liturgia de las Horas” de la Orden (1975).
Las tres vieron su luz en Roma bajo los auspicios del Consejo General.
6. Balance del sexenio
Al final del sexenio 1971-1977 intenté hacer un diagnóstico de la situación de la Orden en ese momento que presenté, primero, al Consejo y, seguidamente al Capítulo que se congregó en Nápoles. Partía del objetivo principal que el Capítulo de Cori se proponía en 1971: “tratar de encarnar mejor en la Iglesia de hoy el proyecto de vida trinitario en su doble dimensión religiosa y apostólica”. Y distinguía dos niveles:
1. La conciencia de identidad que la Orden tiene en ese momento y
2. el grado de encarnación de esa identidad renovada.
La primera pregunta que me hacía, pues, era qué conciencia de sí tiene la Orden, o mejor, cómo han asimilado en su mente las comunidades y religiosos la identidad tal como queda plasmada en las Constituciones de Gramby y se ha ido ahondando durante los años del posconcilio y muy particularmente durante el último sexenio. ¿La conocen? ¿En qué medida han sido eficaces las congregaciones, congresos, cursos, cartas, visitas pastorales, estudios específicos, etc. para que todos los trinitarios tengan una aceptable autocomprensión?
Y respondía: “Sin duda, a nivel teórico escrito, sobre el papel, hay una imagen trinitaria mucho más rica y expresiva de la que existía antes”. Y añadía: “Es innegable también que ha habido un gran progreso a nivel subjetivo de nuestros religiosos en general, aunque hay que agregar aquí que el progreso ha sido muy heterogéneo y, frecuentemente, por debajo de lo expresado. Pero, globalmente, nuestros religiosos tienen hoy, una imagen de la Orden significativamente más clara que hace unos 15 ó 20 años. Sobre este punto hemos oído de parte de no pocos religiosos confesiones muy reconfortantes”.
Sin embargo, y aun admitiendo estos progresos, las metas quedaban aún lejos: “La mentalización en la Orden está lejos aún de ser suficientemente profunda, queda aún un largo camino a recorrer”.
La otra pregunta versaba sobre la “identidad encarnada”, vivida, no sólo conocida. Y dada la complejidad del tema, distinguía la “encarnación” en la vida interna, personal y comunitaria de los religiosos, y la “encarnación” apostólica. En cuanto a la primera, encarnación de la imagen en la “vida interna”, admitía en la vida de nuestro religiosos y comunidades numerosos valores y elementos de la nueva imagen de la Orden, pero hablaba también de confusión, de escasez de discernimiento, de “avitaminosis” espiritual y de déficit de ascesis, concluyendo que, a nivel vida, estábamos lejos de encarnar satisfactoriamente la imagen que teóricamente difundíamos.
Respecto a la “encarnación apostólica” reconocía haber realizaciones más visibles. En este campo decía, “la animación que se ha hecho en todos los niveles de la Orden, ha dado mejores frutos. Las nuevas presencias en América Latina – Brasil, Bolivia, Guatemala y México – que hemos visitado y admirado recientemente y que nacieron en líneas con la imagen renovada del apostolado trinitario, junto a otras actividades apostólicas, sin duda trinitarias, que ya existían en Madagascar y en la misma América Latina – Colombia, Puerto Rico, Perú Chile, Argentina – y en las Provincias, la revisión de otras actividades apostólicas que se está operando gradualmente en las Provincias, y los programas en curso para iniciar un servicio efectivo a los hermanos perseguidos por su fe..., revelan una sincera voluntad de querer servir a la Iglesia en la plenitud de la propia identidad”.
Añadía, no obstante, con fuerza que teníamos que renunciar “a la idea de un apostolado trinitario redentor profundo, sin una vida trinitaria profunda...”. “Promovida y potenciada ésta con una fuerte carga de caridad redentora, el apostolado trinitario adquirirá mayor profundidad y claridad”. Era la condición “sine qua non”[46].
Este diagnóstico, que abarcó también otros puntos, abrió las tareas del Capítulo General de Nápoles que se iniciaron el día 3 de junio de 1977.
III. Capítulo General de Nápoles
Queda mucho por hacer
La reflexión capitular de Nápoles concluyó con dos tipos de compromisos. Uno, legislativo: obtenida la prórroga de la “experiencia” de las Constituciones de Granby para otros 6 años, el Capítulo emanó las disposiciones necesarias para elaborar durante el sexenio el “texto definitivo” de la legislación fundamental con la participación de toda la Orden. El otro compromiso era con la “vida”, se quería dar un ulterior impulso a la vida y apostolado de la Orden, al “proyecto de vida trinitario”. A este fin el Capítulo generó tres importantes “Declaraciones”[47].
1. Las “Declaraciones” de Nápoles
Tres eran las áreas a las que se referían estas Declaraciones: el apostolado, la promoción y formación de vocaciones en la Orden y la formación permanente con miras al “Proyecto de vida trinitario”.
1.1 El apostolado
En el sector “apostolado se han tenido en cuenta acertadas aportaciones de la Congregación de Antananarivo (1976) a las que ya hicimos alusión y se anima a secundar los pasos dados en Colombia, Brasil, Guatemala, Bolivia, México y Madagascar. Se agradece a las Provincias y Vicariatos los esfuerzo hechos y sobre todo a los religiosos “che hanno generosamente offerto se stessi per attuare in quelle nazioni la presenza e l’apostolato dell’Ordine nella luce e vivacitá del suo carisma”.
El Capítulo ratifica la elección preferencial de los campos de apostolado trinitario hecha en la Congregación de Antananarivo y toma conciencia, alentándola, “dell’ansia responsabile che esprimono molti nostri religiosi nel volersi sempre più orientare verso opere chiaramente redentive”. Y, aunque juzga prematuro determinar una obra particular como específica de la Orden (Const. 94), el Capítulo hace un llamamiento a las Provincias, Vicariatos y religiosos para que colaboren con el “Centro de Liberación”, ya constituido en la Curia General, y con los responsables de las Provincias pare llevar adelante, en el plano práctico, las obras propias de la Orden, en especial la que es tan cura a los trinitarios, a favor de los perseguidos a causa de su fe.
Más aún, los capitulares varían con agrado que se iniciara una eficaz colaboración de la Orden, tanto a nivel general como provincial, con los organismos nacionales e internacionales que operan en este campo. Por último, el Capítulo pide a todas las comunidades que, en conformidad con el punto 3 del número 94 de las Constituciones, se constituyan en verdaderos “centros de redención y de irradiación trinitaria”.
Vocaciones y formación
Las otras dos Declaraciones versaron sobre la promoción y formación de las vocaciones y la formación permanente de los religiosos, respectivamente. Eran dos puntos claves de cara al futuro de la Orden. De ellos hablaba también el “diagnóstico” y fueron ambos objeto de serena reflexión capitular[48].
1.2. La “tertia pars” y la Casa de oración
Desde la Congregación de Wissous (Francia), 1974, serpentea en la Orden, con altos y bajos, un anhelo: recuperar el espíritu de la “tertia pars” de la Regla, traducido en gestos significativos para hoy. Se habló ya entonces de la “Caja de redención”. El Capítulo General de Nápoles vuelve sobre el tema y dispone que “no juzga aún maduros los tiempos para la creación de una “Caja central de la Orden” (para la redención). Estima posible, sin embargo, que el Consejo General inicie “de hecho” y mantenga la “Caja de la Redención” a nivel general con contribuciones voluntarias de parte de las Provincias, de las casas y de los individuos dentro y fuera de la Orden. “Retiene, asimismo, que en cada Provincia se cree una “Caja de la Redención”, dejando a los órganos competentes de la misma su creación”.
También la idea de la “Casa de espiritualidad o de oración” había nacido en Wissous[49]. Se habla entonces de Casa para la Orden y se apuntaba Faucon o Cerfroid. El plan cuajó muy escasamente, pese a los tímidos intentos en Faucon. Ahora el Capítulo habla de una “Casa de Espiritualidad o de oración” en cada Provincia “donde el religioso que lo desee pueda encontrar el ambiente adecuado para la reflexión y el recogimiento”. Se juzga más realizable este plan. Se sigue considerando vital, en todo caso, el enriquecimiento oracional.
2. Levando anclas
Tras la “reflexión familiar” de Nápoles zampó de nuevo la nave de la Orden con todos sus hijos a bordo, cada uno con su responsabilidad y su función para realizar entre todos el “proyecto trinitario” en la Iglesia de hoy.
Durante el sexenio que empieza, al igual que en el anterior, la vida y acción de la Orden va estar impulsada conjuntamente en las Provincias y Vicariatos desde el Consejo General, en el que seguirán jugando un importante rol los “secretariados” generales. Se reestructuran estos secretariados[50] agrupándose, bajo el secretariado del “Apostolado de la Orden”, tanto el caritativo-social como el de Misiones, como dos expresiones fundamentales del “ministerio de la fe” y del “servicio de liberación” de la Orden. La Congregación de Antananarivo había explicado la función redentora de ambos en el carisma trinitario.
Asimismo el Centro de Liberación, que ya actúa en la Curia General, queda integrado en el Secretariado del Apostolado de la Orden con las funciones que ya le asignara la Congregación de Wissous (Francia) en 1974.
Se confirman también las Comisiones de Historia y Espiritualidad, cuya tarea sigue considerándose central, así como la Comisión de información estimada cada día más necesaria. El Consejo General aprueba los “estatutos” de la Comisión de Historia que se denomina ahora “Instituto Histórico de la Orden trinitaria”[51].
3. Los secretariados en acción
Con fecha 21 de enero de 1978, festividad de Santa Inés, patrona de la Orden, comunicaba yo los programas que los diversos secretariados y comisiones han preparado para los próximos años. Habían precedido contactos con las Provincias y Vicariatos solicitando sugerencias y propuestas. Antes de presentar los programas en cuestión intenté explicar la función de cada uno de los secretariados y comisiones. Traté, sobre todo, mostrar la interdependencia y subordinación existentes entre los varios componentes de la vocación trinitaria, recordando que, “la función redentora de la Orden no tiene en sí, ni siquiera en la Iglesia, su génesis, sino en la plenitud de la misión de Cristo y del Espíritu” (Cf. Jn 17, 18). Nuestra misión, como la de toda la Iglesia, se comprende exactamente sólo en el contexto de la historia trinitaria de Dios con los hombres.
En esta perspectiva “el apostolado de la Orden pretende llevar al hombre el amor de Dios que, por venir de Dios, comunica vida, libera, rompe cadenas, reconcilia y crea la Comunidad de los glorificadores de la Trinidad”. Tal apostolado “comienza ya con nuestra vida consagrada, se potencia con la oración y el sacrificio y se completa con la acción ministerial liberadora”[52].
Los programas de los Secretariados Generales prosiguen en la línea del sexenio precedente tras haber recogido las sugerencias llegadas de las Provincias y Vicariatos y las orientaciones y el impulso del Capítulo de Nápoles[53]. Su trabajo va a ser, especialmente, de animación y profundización con todas las fuerzas vivas de la Orden.
El Secretariado General de Formación organizó, durante el sexenio, dos importantes encuentros internacionales, uno para “la promoción vocacional en la Orden”, en Rocca di Papa (Roma), del 18 al 23 de septiembre de 1978[54]. El otro fue para “los formadores de la Orden”, Rocca di Papa, del 29 septiembre al 4 de octubre de 1980[55]. Por otra parte, el Secretariado de Formación puso a disposición de todas las Provincias de la Orden un valioso programa “Programa de formación específicamente trinitaria”, elaborado por una Comisión de las dos Provincias españolas y de las diversas Congregaciones de religiosas trinitarias en España[56].
El Secretariado General “Pro Cultu” organizó, por su parte, un Congreso Internacional en Rocca di Papa (Roma), del 23 al 28 abril de 1979, sobre el tema “La Trinidad en la legislación de la Orden”[57].
Por último, el Secretariado General de Apostolado fue el animador y organizador del que puede considerarse el principal Congreso de la Orden, abierto a toda la Familia trinitaria, durante el sexenio. Tuvo lugar del 26 de septiembre al 5 de octubre de 1982. Su prreparación se llevó a cabo en diálogo y con la colaboración de toda la Orden[58]. Las conclusiones del Congreso fueron dadas a conocer en una Carta Circular, “Captivis Libertas”[59], mientras que las conferencias y comunicaciones se publicaron en dos volúmenes, el 1º impreso y el 2º manuscrito, con el mismo título de la Circular: “Captivis Libertas”. Todos estos Congresos estaban también orientados a proporcionar material valioso al Capítulo General de 1983 para la aprobación definitiva de las Constituciones.
4. Una Congregación en España
En 1979 celebraba la Orden en España el Centenario de su restauración (1879) tras la supresión de las órdenes religiosas en 1835 en todo el País. En esa fecha, en efecto, la Orden renacía tímidamente en España (Alcázar de San Juan).
Con este motivo se decidió que la legislada Congregación se tuviera en España, Pozuelo (Madrid), del 28 de septiembre al 11 de octubre. Dos fueron los temas escogidos para ella: uno, el de la legislación, a saber, el estudio de las propuestas y sugerencias llegadas de las Provincias y Vicariatos de la Orden para la redacción definitiva de las Constituciones. El otro tema era el de la animación espiritual de la Orden. La Congregación sería procedida por una “experiencia de oración comunitaria” guiada por unos expertos. Por primera vez estuvieron también presentes, por invitación expresa del Consejo General, varias Madres Generales de los Institutos trinitarios. El espíritu de familia estaba creciendo visiblemente, en buena parte gracias a la labor de las mismas Madres Generales.
La discusión sobre la legislación culminó con la creación de la Comisión Central internacional que, recogiendo las sugerencias y propuestas que merecieron la aprobación de la Congregación, elaboraría el esquema definitivo de las Constituciones para someterlo a la discusión y aprobación del Capítulo General de 1983.
El tema de la animación suscitó gran interés también en la Congregación. Se hizo una evaluación de la animación ofrecida a las comunidades y religiosos desde el Capítulo de Granby. Se hallaron luces y también sombras. Con la voluntad de disipar éstas y extender aquéllas se reflexionó sobre la naturaleza de la animación y se habló de los distintos animadores en la comunidad, en sus diversos niveles, de su rol y responsabilidad. Al término de la redención se redactó un sencillo documento, recordando, sobre todo, algunos medios que la Congregación estimó más idóneos para mejorar la animación de nuestras comunidades y religiosos de hoy[60].
Los participantes en la Congregación tomaron luego parte en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), en algunas celebraciones del Centenario.
Hubo que celebrar en 1980 otra imprevista Congregación, la quinta, en Roma, del 15 al 17 de diciembre de 1980, para reemplazar a los dos consejeros generales que había dejado de serlo, el uno por haber sido elegido Ministro Provincial de su Provincia (Romana), y el otro, Vicario General (Bruno Moreau), por haber muerto en un trágico accidente[61]. Provistos estos cargos, la Congregación se ocupó también de algunos otros puntos entre los que destaca el referente a las fiestas de la Orden[62].
En fin, sexta Congregación General, tercera del sexenio, tuvo lugar en Rocca di Papa (Roma) del 7 al 9 de octubre de 1982 con dos temas centrales:
1. Convocatoria del Capítulo General para 1983, concreción de sus principales objectivos y estudio de todo lo referente a su preparación.
2. Análisis del estado actual de la Orden: la comunidad trinitaria, las vocaciones, nivel intelectual, colaboración interprovincial, etc.[63].
5. Hablando con los religiosos
Por mi parte quise también durante el segundo sexenio seguir en contacto con la Orden a través de las “Visitas Pastorales” y por medio de las Cartas dirigidas a toda la Orden o a una porción de la misma. Con ellas intentaba continuar el diálogo iniciado en las Visitas y fijar, al propio tiempo, algunas ideas sobre las que habíamos reflexionado en nuestro encuentros, o también ahondar algunos aspectos de la “imagen trinitaria”, abierta a ulteriores miradas[64].
Dentro de la Familia Trinitaria dirigí dos cartas a las trinitarias contemplativas:
1. “Al habla con las trinitarias de clausura” (8 de octubre de 1978), A.O.IX, 531-554
2. “El misterio del desierto” (6 de agosto de 1982).
6. El instituto histórico y la comisión de espiritualidad
Es evidente que en la nueva configuración espiritual y apostólica de la Orden tienen una palabra importante que decir tanto la historia como la espiritualidad.
Conscientes de ello los miembros, sea del instituto histórico como de la comisión de espiritualidad, han ofrecido a la Orden un apreciable servicio durante estos años. Este servicio se ha expresado sobre todo a través de charlas, cursos y artículos en el ámbito de toda la familia trinitaria y, en ocasiones, fuera de ella.
Hay que destacar, sin embargo, también su producción en valiosos estudios de investigación[65]. Aquí, no obstante todo, resta aún una urgente tarea a realizar. La orden sigue teniendo una grave deuda con su historia.
7. En las provincias y vicariatos
Obviamente los límites de este estudio no nos permiten analizar al detalle el movimiento “de adaptación y de renovación en las Provincias y Vicariatos de la Orden” durante el sexenio 1977-1983. Aludimos rápidamente a la labor de los capítulos programáticos y congregaciones provinciales.
Como es lógico, todas las Provincias y Vicariatos se hicieron eco de los Capítulos y Congregaciones generales y tomaron en general las declaraciones y documentos de los Capítulos y Congregaciones como base de estudio y reflexión en sus Capítulos programáticos y Congregaciones provinciales[66]. Por primera vez aparecen disposiciones referentes a la “Tertia Pars”, se habla del “Centro de liberación y de la Caja de redención”, sea a nivel provincial como local.
En el área del apostolado se están también dando pasos concretos en todas las Provincias y, sobre todo, en los Vicariatos, sea abriendo nuevos puestos, normalmente de “frontera”, sea avanzando por el camino de la “reconversión” de obras y en la animación trinitaria redentora de las actividades existentes. Desgraciadamente faltó, quizás, en algunos casos coraje para abandonar algunas obras y cerrar casa menos enmarcadas en el carisma de la Orden, tal como éste se iba perfilando. Ello dio origen, al abrir nuevas casas, algunas comunidades excesivamente reducidas en personal. Cosa que se quería evitar en el plan de la Orden.
En cuanto a la expansión de la Orden encontramos sólo una gran novedad: la apertura misionera a Papua-Nueva Guinea por parte de la Provincia de los Estados Unidos[67]. Entre las fundaciones hechas en el sexenio anterior no está cuajando Brasil, por raziones de diversa índole, y acabará perdiéndose en los próximos años. Más tarde se recupera. Se han dado, en cambio, buenos pasos para la presencia de la Orden en Polonia[68].
También la Provincia U.S.A. acaricia desde hace unos años la idea de fundar en la India. Varios religiosos nativos se han preparado a tal fin en Estados Unidos y en Roma en los últimos años y, al cierre de este sexenio, la fundación es inminente. Tanto en Polonia como en la India se había pensado por razones a la vez apostólicas y vocacionales.
En Francia la restauración sigue su curso, aunque lentamente. Se tienen ya algunos religiosos franceses, entre ellos también algún sacerdote. En Madagascar nuestros misioneros, pese a las dificultades de personal que han experimentado, han cuidado con amor y esmero las vocaciones nativas y el futuro se presenta prometedor. También se han multiplicado las obras sociales, poniendo en marcha interesantes proyectos promocionales-redentores. En América Latina sucede lo propio, aunque la escasez de personal ralentiza bastante el proceso.
8. La luz del magisterio
Más arriba indicamos los documentos del Magisterio (Papa y Congregaciones romanas) que habían marcado con más vigor pautas a la renovación de la vida religiosa en el Posconcilio. Allí hablábamos sólo de documentos dirigidos directamente a los religiosos. A ellos hay que agregar ahora otros que, aun siendo de carácter general, arrojan copiosa luz en el camino de la vida consagrada y, en particular, de la Orden trinitaria. Así, entre los documentos sociales citamos, tras la “Mater et Magistra” de Juan XXIII[69], la “Populorum Progressio” y “Octogesima adveniens” de Pablo VI[70], la “Laborem exercens” y “Sollicitudo rei socialis” de Juan Pablo II[71], las Instituciones “Libertatis nuntius” y “Libertatis conscientis” de la Congregación para la doctrina de la fe[72]. Y claro está, la gran “trilogía trinitaria” de Juan Pablo II: “redemptor hominis”[73], “Dives in misericordia”[74] y “Dominum et vivificantem”[75]. Por último, no queremos olvidar dos importantes documentos marianos, uno debido a Pablo VI, “Marialis cultus”[76] y otro de Juan Pablo II, “Redempotis Mater”[77], así como la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II sobre la vocación de los laicos en la Iglesia, “Christifideles laici” (30 de diciembre de 1988).
Como puede observarse, el Magisterio ha seguido con gran atención el desarrollo del Concilio en esta etapa posconciliar aportando explicaciones y complementos doctrinales, pastorales y disciplinares importantes. Pero tenemos, además, alocuciones dirigidas a la Orden de los últimos papas que queremos recoger en síntesis aquí.
Ya aludimos y comentamos en su lugar la Carta Apostólica de Juan XXIII a la Orden con ocasión del 750 aniversario de la muerte del santo fundador Juan de Mata[78], así como la alocución de Pablo VI a los Capitulares el 18 de mayo de 1965[79]. Más importante, aunque menos solemne en la forma, fue la alocución de Pablo VI a un nutrido grupo de religiosos trinitarios, a los que acompañan también otros numerosos miembros de la familia trinitaria, en una audiencia otorgada en la clausura del “Curso trinitario” de 1973-1974[80]. Fueron palabras pronunciadas con gran espontaneidad por el pontífice, en discurso directo, no leído, y en tono familiar, que calaron muy hondo en la Orden que se vio muy alentada en el camino emprendido.
Por último, Juan Pablo II ha dirigido también a los Padres Capitulares trinitarios, en dos sesiones consecutivas (1983 y 1989), dos alocuciones significativas que han sido consideradas complementarias por parte de la Orden[81].
9. El espíritu de familia
El retorno a las fuentes y la profundización en las raíces de la propia identidad ha impulsado vigorosamente en este posconcilio el espíritu familiar entre los componentes de la stirpe trinitaria en la Iglesia: religiosos, monjas, religiosas de varias congregaciones, instituto laical y seglares. Fruto y expresión de este nuevo espíritu han sido todas las formas de comunión y presencia en congresos y reuniones de todo tipo a nivel nacional e internacional, así como de colaboración vocacional y apostólica que se han dado en este período y que han ido a más.
El fenómeno, visto con gozo en toda la familia, ha sido general en la Orden, destacando España, Italia, Canadá... Las mismas religiosas y en particular sus superioras generales han sido pioneras en ese proceso. Sólo el laicado había quedado indebidamente rezagado en este desarrollo y reclama mayor atención de todos los componentes de la familia[82].
IV. Otro importante tramo. Capítulo General de 1983
1. ¿Donde estamos?
En la desembocadura del sexenio 1977-1983 se hizo un nuevo balance. Llegaron al Capítulo las relaciones de las Provincias y Vicariatos[83]. En mi relación[84] reconocía también que se había hecho “un gran esfuerzo” en la Orden siguiendo las pautas marcadas 6 años antes en Nápoles. Sin embargo, decía allí, estamos “lontani dalla meta”, mientras señalaba algunas importantes lagunas que seguía ofreciendo la Orden[85]. Se había recorrido un camino. Pero no estábamos aún donde debíamos estar, donde queríamos estar. El Capítulo se hallaba ante un nuevo reto.
2. En oración, reflexión y estudio
El Capítulo se celebró en Rocca di Papa, del 22 de mayo al 22 de junio de 1983. Hechas las elecciones y renovado el “equipo general”[86], se abordaron dos cuestiones fundamentales:
1. Referente a la legislación, a saber, examen y aprobación del texto definitivo de las Constituciones preparado pacientemente por una Comisión internacional.
2. Análisis del estado actual de la Orden, a fin de elaborar desde él las líneas programáticas del nuevo sexenio.
3. Unas líneas programáticas
Fue un mes de reflexión, en clima de responsabilidad y de esperanza, preparando la nueva singladura. Se esta reflexión nacieron las líneas programáticas que hilvanó el Capítulo y que el padre José Gamarra, elegido Ministro General, comunicó a la Orden en Carta Circular[87].
La legislación
El punto de partida será la fidelidad a la nueva legislación que acaba de ser aprobada definitivamente tras trece años de experimentación. Habrá que conocerla y asimilarla plena, gozosa y creadoramente.
La vida
Hacia una mayor “autenticidad de vida, individualidad y comunitaria”, reza el segundo compromiso, de modo que el “seguimiento del Cristo del evangelio” sea, verdaderamente, nuestra única “regla suprema” (Cf. P.C. 2). Y se indican algunas líneas de acción tendentes a dicho objetivo. A través de un camino de conversión se pretende llegar a tener comunidades unidas en la caridad, que hagan más presente en medio de ellas a Cristo y se transformen en centros de irradiación trinitaria-redentora. Sólo así la Orden entera podrá llegar a ser una verdadera “Domus Trinitatis”, una familia “unida en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu Santo” (LG 4). Se hace también un llamamiento para que se “conserven y en lo posible se intensifiquen los contactos con los Institutos femeninos de la Familia, con especial recuerdo para las trinitarias contemplativas.
El apostolado
En este campo, sin descuidar la profundización de nuestro carisma, se invita a las provincias “a promover iniciativas apostólicas cada vez más en línea con el carisma primigenio” y se dan algunas orientaciones concretas.
- Evitar la dispersión de obras más o menos genéricas, dando prioridad a actividades que se ciñen más al carisma trinitario.
- Proceder en las Provincias a una “reconversión gradual” y a una “selección” de las actividades. En este sentido se pide a toda la Orden que preste más atención y ayuda a los que son perseguidos a cause da su fe, o por su compromiso evangélico, en favor de los oprimidos. Se ruega que continúen promocionándose las actividades “redentoras” ya en acto en los países menos desarrollados, como en las Misiones y en América Latina. En la línea de la Congregación General de Antananarivo se solicita para ellas un “puesto absolutamente prioritario”. Se considera que hay que abordar el problema del personal misionero. En cuanto a otras actividades como parroquias, capellanías, etc., el Capítulo las estima también importantes, siempre que se atengan a lo que señalan al respecto las Constituciones y el Directorio General.
- En fin, se recuerda la necesidad de “inspirar” toda la vida y acción apostólica de la Orden en “Dios-Trinidad”, “Dios-Amor”.
Se invita a continuación a estrechar también la colaboración en el campo apostólico con los Institutos femeninos trinitarios y se reclama con urgencia una mayor atención al laicado trinitario en todos los niveles de la Orden.
Vocaciones-Formación
Retomando las directrices del Capítulo de Nápoles, 1977, se señalan algunas líneas de acción en este sector tan importante.
El padre Ministro General termina la Carta subrayando tres ideas:
a) Fidelidad (en el ser, en el estilo y en el obrar)
b) Unidad viva y rica en la pluralidad
c) Creatividad “en un constante esfuerzo de reasimilación de nuestro carisma”.
4. Un encuentro familiar en Roma
Apenas transcurridos los meses estivos tuvo lugar un “encuentro familiar” en Roma con ocasión de la beatificación del padre Domingo Iturrate[88], cuidadosamente preparado por el padre General y su Consejo. Constaba de dos partes este Encuentro: la primera estaba reservada a la Orden (días 28 y 29 de octubre), mientras en la segunda fase (días 30 de octubre y 2 de noviembre) tomaban parte representantes de toda la familia trinitaria. Las líneas programáticas del recién celebrado Capítulo (líneas de actuación) centraron la atención del Consejo General con los Provinciales. En cambio la “reunión familiar” tuvo como temas centrales de reflexión el mensaje del Beato Domingo –beatificado el día 30– el laicado trinitario y la información e intercomunicación en la familia trinitaria.
Uno de los frutos de esta reflexión familiar fue una Carta Circular a toda la familia del padre Ministro General con el título “El Beato Domingo... un modelo y un mensaje para la Orden y para la entera familia”[89].
5. Nuevos impulsos renovadores
Con ocasión de la fiesta de la Stma. Trinidad, y como preparación para la misma, dirigió el Consejo General diversas “comunicaciones” a la Orden en las que se invita a revisar y renovar “algunos aspectos importantes de nuestra vida”, promover los Secretariados provinciales y prestar, en fin, “atención y ayuda a los cristianos perseguidos a causa de su fe”, obra a la que se denomina “tutta nostra”. Se anuncia asimismo en estas comunicaciones, la decisión de convocar “un encuentro con los padres provinciales y vicarios”, encuentro que se prevé se celebre en Faucon en la segunda mitad de octubre. Las comunicaciones llevan la fecha de 27 de mayo de 1984[90].
En esta misma línea renovada publicó el padre Ministro General, José Gamarra, una importante Carta Circular, con fecha 28 de mayo del mismo año, con ocasión de la clausura del “Año Santo de Redención” y la solemnidad de la Trinidad[91]. Su título, “Consagrados a la Trinidad, al servicio de la Redención”. La Carta, que tiene, “un carácter doctrinal y práctico a la vez”, aborda con profundidad la dimensión trinitaria y redentora de la Orden en el actual momento histórico. Se recuerdan igualmente las interesantes comunicaciones del Consejo General a la Orden, por diversos motivos[92], con el fin de animar la vida de la Orden. Y no queremos olvidar dos breves y jugosas cartas del padre General con ocasión de la fiesta de la Stma. Trinidad (“A la Trinidad por María” 18 de mayo de 1987), y con el doble motivo de la fiesta de la Trinidad y de la Canonización de Simón de Rojas (“Ser presencias vivas de la Trinidad en el mundo”, 25 de abril 1988).
Merece especial mención el “Encuentro del Consejo General con los provinciales y vicarios” tenido en Faucon los días 17-26 de octubre de 1984[93], sobre diversos temas, con enfoque práctico, con el objetivo general de revisar el camino andado desde el último Capítulo General y coordinar en toda la Orden los programas futuros dentro de la “unidad en la pluralidad”.
Por último hay que recordar las comunicaciones del Consejo General en que se dan a conocer los programas del Ministro General, del Consejo y de los varios Secretariados a nivel general. Ellas nos muestran los intereses y preocupaciones de la Orden en el momento[94]. El día 17 de diciembre de 1984 está fechado el Decreto de aprobación de las Constituciones “definitivas” por parte de la Santa Sede, que, como lo indica el padre General, entrarán en vigor el 2 de junio de 1985, solemnidad de la Stma. Trinidad.
Con este motivo el año 1985 ha sido declarado como el año de la “fidelidad en la Comunión”[95]. Asimismo, con ocasión del décimo aniversario de la canonización del santo Reformador de la Orden, el Consejo General envió una hermosa comunicación fechada el 28 de abril de 1985 y titulada “Di fronte all’avvenire”.
6. Congregación General. Asamblea Intertrinitaria “Somos Familia”
Ambas celebraciones, autónomas, tuvieron lugar en Majadahonda (Madrid); la Congregación, del 18 al 23 de agosto de 1988, la Asamblea del 25 al 31 del mismo mes. El tema central de ambas fue la “dimensión comunitaria” (“Somos Familia”), vista en el ámbito de la Orden (congregación) y de la familia trinitaria entera (asamblea).
Estas celebraciones, al igual que el tema elegido para ellas, habían sido proyectadas en el “encuentro de Faucon” (octubre 1984) siendo anunciadas por el padre General a toda la familia en Carta Circular de 1 de enero de 1985[96], tras oportunos contactos con los diferentes grupos de la familia trinitaria.
Hemos recordado anteriormente cómo la “dimensión trinitaria”[97] y la sensibilidad “familiar” habían ido cobrando nueva fuerza, en el período posconciliar, especialmente en todas las provincias y vicariatos de la Orden, dando lugar a celebraciones conjuntas de toda la “Familia”, sobre todo de carácter espiritual y formativo. También la legislación recogía y alentaba este espíritu[98]. De seta experiencia ya en marcha, y de la unánime voluntad de todos los grupos de la “Familia” de promover este espíritu familiar, brotó la decisión de Faucon, llevada luego adelante con gran acierto por le Consejo General[99].
Los resultados de la Asamblea Intertrinitaria fueron dados a conocer a toda la familia por la comisión central (Roma) en un hermoso folleto, con la esperanza de que la abundante semilla sembrada fuera el inicio de un vigoroso desarrollo de la conciencia familiar” y de la consiguiente comunión y colaboración entre todos los miembros de la Familia para mayor gloria de la Trinidad y un servicio de redención más eficaz[100].
En los años sucesivos se irá configurando con perfiles cada vez más netos la identidad trinitaria actual hasta llegar a hoy. El Octavo Centenario de la inspiración de la Orden (1993) y de la aprobación de la Regla (1998), así como el cuarto de la Reforma (1999), - períodos que han sido bien organizados y animados a nivel de toda la Orden por los Ministros Generales, José Gamarra y José Hernández Sánchez y sus Consejos respectivos, y generosamente secundados por las diversas jurisdicciones de la Orden y de la entera Familia Trinitaria -, han de ser considerados como una singularísima gracia de Dios Trinidad a la Orden y a toda la Familia que inician el camino del noveno Centenario con claridad en el Proyecto e ilusión en el corazón.
[1] Rovira Belloso, J.M., Significación histórica del Vaticano II, en El Vaticano II, veinte años después, AA.VV. pp. 17-46
[2] Castillo, J.M. La teología después del Vaticano II, Ibidem, pp. 137-171; Torres, A. La cristología después del Vaticano II, Ibidem, pp. 173-200
[3] Floristán, C. La Iglesia después del Vaticano II, Ibidem, pp. 67-103
[4] Maldonado, L. Liturgia, sacramentos y religiosidad popular, Ibidem, pp. 235-270; Vidal, M. La teología moral, renovación posconciliar y tareas del futuro, Ibidem, pp.201-233
[5] Cf. Coda, P. L’antropologia trinitaria. Una chiave di lettura della “Gaudium et Spes”, en “Nuova Umanità”, X n. 56, pp 17-48
[6] Antropologia trinitaria e agire umano nel mondo en “Nuova Umanità” X n. 58-59, pp. 11-42. Véanse también las Encíclicas de Pablo VI y de Juan Pablo II
[7] Entre los documentos más importantes del Magisterio citamos:
- M.P. Ecclesiae Sanctae, Pablo VI, 6 de julio de 1966
- “Renov. Causam”, 6 de enero de 1969, CIVCSVA
- Ev. Testificatio, Pablo VI, 8 de diciembre de 1975
- M.R., 14 de mayo de 1978, CIVCSVA y Congregación para los Obispos
- Religiosos y promoción humana, 12 de agosto de 1980
- Dimensión contemplativa de la vida religiosa, 12 de agosto de 1980
- Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, aplicados a los Institutos dedicados las obras de apostolado, 31 de mayo de 1983
- R.D. Juan Pablo II, 25 de marzo de 1984
- Orientaciones sobre la formación de los Institutos religiosas, 10 de noviembre de 1989... Hasta llegar a los últimos documentos que aquí no tendremos en cuenta por razones obvias.
[9] Esta Comunicación está fechada en 1 de marzo de 1966; es, pues, anterior a “Ecclesiae Sanctae”
[10] Cf. A.O.VII, 310-324
[11] Cf. Los temas y su desarrollo en el vol. “Il Congresso Internazionale dei Segretariati per l’apostolato trinitario”. Roma 1966. El primer Congreso había tenido lugar el año 1963, 20 septiembre – 2 de octubre. (Cf. A.O.VII, 380-381)
[13] Cf. Conclusiones A.O. VII, 663-664
[18] Los nombres de la Comisión son ahora: Juan Borrego, Presidente; Luigi Cianfriglia e Ignacio Vizcargüénaga, de la Curia General; Jesús Casuso (España Sur); Cosimo Mazzarisi (Italia); Anthony D’Errico (U.S.A.); José Gamarra (España Norte); Bruno Moreau (Canada); Bernardino Fratini (Misiones).
[19] Cfr. A.O. VII, 44-45
[20] Cf. Gross, J. The Trinitarians Rule of life, Rome 1983
[21] Regla y Constituciones, n. 2 Salamanca, 1972
[23] Cf. A.O.VII, 943-949
[25] Esta Comisión estuvo integrada por los Padres: Luigi Cinfriglia y Antonio Ayarzagüena, de la Curia General, Jesús Casuso, Cosimo Mazzarisi, Domingo Ciordia, J. William Kelly, Bruno Moreau, representantes de las Provincias, y Antonio Smoraldi, representante de las Misiones (Cfr. A.O. VII, p. 817)
[27] El Capítulo se celebró del 10 de mayo al 5 de junio de 1971 (cf. A.O.VIII, 30ss)
[28] Pido disculpa al lector, si en las páginas que siguen, me veo obligado a hablar en primera persona más de lo que deara, debido a la responsabilidad de Ministro General que en este Capítulo se me ha endosado.
[32] A.O.VIII, 72-73; IX pp. 222-223
[34] Cf. Cartas Circulares, A.O.VIII, 332-342; 590-605; y A.O.IX 100-120
[35] Para encuadrar este Curso véanse dos Cartas circulares y a continuación el Programa: A.O.VIII, 341-342 y 343-347
[36] Cf. A.O.IX 210-211 y 213-216
[39] Entre esta Cartas podrían ser más importantes, a más de las que presentan y glosan las resoluciones y documentos del Capítulo y de las Congregaciones Generales, las que presenta y motiva el “Curso de formación trinitaria” del 1973-1974 ya mencionado, “meditación en voz alta con mis hermanos”, con ocasión del “Año Santo” (1975), “Conversando con i miei con fratelli sul 25 maggio”, en torno a la Canonización del Reformador (1975) y la “Missioni reclamano la nostra attenzione”, en el 50 aniversario de las Misiones trinitarias en Madagascar (1976); Cf. También “Missionum Ordinis” (1971). A ellas hay que agregar algunas cartas particulares a Provincia visitadas pastoralmente. Todos estos documentos fueron publicados en A.O. Vol VIII y IX
[40] La idea que albergaba el Consejo General al impulsar estas fundaciones era que, poco a poco, la Orden fuera abandonando lugares considerados menos “trinitarios” en beneficio de los nuevos. Se pedía una nueva reconversión en coherencia.
[42] Cfr. A.O. IX 217-223
[43] Mención especial el padre Pierre de S. Pierre en esta empresa llevada a cabo por él en primer lénea con tanta abnegación y amor a la Orden. Debe ser recordado igualmente con gratitud el servicio del padre Ives Plourde en Faucon.
[44] La primera residencia se abrió en rue Guy Lussac donde el primer novicio visitió el hábito de la Orden en el 1972. Fue, en cambio, en 1974 cuando la Comunidad se trasladó a la casa de la Orden adquirida en “rue Molidor”
[45] Debo recordar con afecto y reconocimiento el servicio prestado a la Orden durante parte de este largo tiempo del padre François Stroobants en la casa de Marseille
[46] Cf. Todo este análisis en A.O.IX, 181, 199. Resultan muy útiles para conocer la situación de la Orden en 1977 las relaciones de las Provincias y Vicariatos enviadas al Capítulo General, así como la del Consejo General y de los Secretariados Generales (A.O. IX 200-277)
[48] A.O.IX 192 y 290-295
[50] Carta Circular, A.O.IX 337-341
[52] Cf. Lettera Circul. A.O.IX, 439-444
[54] Cf. En A.O.IX, 485 ss. Todo lo concerniente a este Convenio
[55] El interesante programa, derallodo y los partecipantes al encuentro, véanse A.O.X. 72-82
[57] Cf. Una amplia relación de este Congreso en A.O.IX 676-691; todas las conferencias y las conclusiones del Congreso fueron, además, publicadas por el Secretariado en un volumen único
[58] Véanse las varias comunicaciones preparatorias, principalmente en A.O.X 217-230
[60] Cf. Carta Circular A.O.IX 621-627
[61] Cf. Lettera Circol. A.O.X. 152-157
[62] Cf. Lettera Circol. A.O.X 36-42
[63] Véanse para cuanto a esta Congregación se refiere, las Cartas Circulares A.O.X. 368-380
[64] Entre estas Cartas, a más de las que me sirvieron para comunicar y comentar les celebraciones de los Capítulos y Congregaciones generales o los programas de los Secretariados, a los que ya aludimos, señalaría: “Avec mes frères de Madagascar” (27 de febrero de 1979) A.O.IX 631-638; “Con ocasión de un Centenario”, a los religiosos de España (17 diciembre, 1979), A.O.IX 639-651; “Il futuro poggia sulla qualità” (8 de octubre 1980) a la Provincia de Nápoles; “El P. Domingo Iturrate, Venerable” (1 de enero de 1981), A.O.X. 186-189; “Los trinitarios en América Latina” (11 agosto 1981), A.O.X. 199-215; “Ceci esta la direction à suivre” (This is the way) a las Provincias de Canadá y Estados Unidos (14 de febrero de 1982) A.O.X. 381-392; “I santi dell’Ordine”, a toda la Orden (13 de noviembre de 1982), A.O.X. 392-402; “S. Giovanni de Matha con i suoi figli” (17 diciembre 1979) A.O.IX. 652-658
[65] Mencionamos: “Studi intorno a Cerfroid, prima casa dell’Ordine trinitario” 1978, del padre Cipollone, G.
- “La Casa della Santa Trinità di Marsiglia” (1202-1547), Roma 1981, del mismo autor
- “La Orden trinitaria” (pequeño manual de istoria) de Ginarte. V. Salamanca, 1979
- “El Duque de Lerma, protector de la Reforma trinitaria” del mismo autor, 1982, Madrid
- “The Trinitarians Rule of Life: Texts of the six principal editions” preparado por el padre Gross, J. Rome 1983
- “Los trinitarios en España y América” (Cien años de su historia) 1879-1983 Córdoba 1983, por Ginarte, V y Porres B.
[66] Cf. Lo referente a Italia Norte (A.O.IX 371-374; 703-708; X, 497-506;
Italia Sur, Ibidem, 380-381; X 276-281
España Norte, X 513-516
España Sur, X, 489-496
U.S.A. IX, 375-376; X 507-512
Canadá IX 500-508; 709-717; X 517-522, etc.
Austria IX, 510; X 282; 526-528
[67] A petición del Pro-Nuncio Apostólico Mons. Andrea de Montezemolo (Port Moresby), me dirigí a dicha Isla para estudiar una propuesta hecha a la Orden por el Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Card. A. Rossi. La Provincia U.S.A. a la que el Consejo General ofreció luego esta propuesta, la acogió favorablemente. Cf. A.O.IX 668-669; 670-673
[68] En efecto, con la ayda eficaz de la provincia de Canadá, se habían acogido en el noviciado diversos condidatod polacos, algunos de los cuales hizo su noviciado en Canadá, mientras otros lo hacían en la Curia General,m Roma, erigida en noviciado a tal efecto (1979). Sin embargo, un trágico accidente de carretera que segó la vida de tres candidatod profesos y la de su maestro, el padre Bruno Moreau, Vicario General, paralizó de momento este proyecto polaco (cf. A.O.X. 152-155). Aun así, en 1981, un nuevo candidato polaco hizo su noviciado en la Curia General, Roma, profesando en el año siguiente, abría nuevas puertas a la esperanza
[69] Carta Enc. 15 de mayo de 1961
[70] Carta Enc. 26 de marzo de 1967 y Carta Apost. 14 de mayo de 1971
[71] Carta Enc. 14 de septiembre de 1981; Carta Enc. 30 de diciembre de 1987
[72] Instrucción 6 de agosto de 1984; Instrucción 22 de marzo 1986
[73] Carta Enc. 4 de marzo de 1979
[74] Carta Enc. 30 de noviembre de 1980
[75] Carta Enc. 18 de mayo de 1986
[76] Exhortac. Apost. 2 de febrero de 1974
[77] Carta Enc. 25 de marzo de 1987
[78] A.O.VI, 579-580. Véase también la Carta en que el Ministro General padre Michele, solicita la Carta papal (Ibidem 581-582)
[80] A.O.VIII 492-493. Todas las Provincias divulgaron copias de esta Alocución
[81] A.O.X. 463; véase también la petición de audiencia hecha por el padre General José Gamarra y la “Promemoria” adjunta A.O.X. 464-467. Ultimamnete, fuera del período que historiamos, la Orden y la Familia entera han sido agraciados con nuevas Comunicaciones del Pontífice muy relevantes.
[82] El retraso del laicado trinitario se ha debido principalmente a dos razones: a) A la revisión que se está operando en el seno del laicado en la Iglesia, con cierta lentitud; y b) a que tanto la Orden como las Congregaciones femininas han estado intensamente centradas en la reflexión de su propia identidad en todos estos años. Esta reflexión ha absorbido sus energías. Definida y formulada esta identidad renovada hoy se siente con fuerza esta responsabilidad ante el laicado
[86] Fue elegido Ministro General el padre José Gamarra, varias antes Ministro Provincial de la Inmaculada Concepción
[87] Carta Circular, padre José Gamarra, 29 junio 1983 A.O.X. 546-556
[88] Véase el programa en A.O.X, 579-581
[92] Ibidem, 643-657. Pueden leerse ahí también los acuerdos tomados en la reunión
[93] Con ocasión de lafiesta de la Stma Trinidad y del décimo aniversario de la canonización del santo Reformador (A.O.XI 5-16), para dar a conocer los programas de los varios Secretariados y Comisiones Generales y con motivo de la aprobación por la Santa Sede de las Constituciones “definitivas” de la Orden (A.O.X. 658-675)
[96] Ibidem 664-667. Posteriormente dedicará el Consejo General otras cuatro comunicaciones al importante evento (cf. A.O.XI 17-33)
[97] Este tema fue objeto de la primera Congregación General de la Orden el año 1973, como se refirió oportunamente
[98] Const. Nn. 8, 187-191
[99] Ambas celebraciones se prepararon con gran esmero a través de diversas etapes de estudio y reflexión, de análisis de la realidad y cuidada programación. En la preparación de la Asemblea tomaron parte diferentes comisiones con directa participación de toda la familia (religiosos, monjas contemplativas, religiosas de varios institutos trinitarios, instituto secular y laicado trinitario). Todo ello coordinado por una comisión central
[100] El tema de la “Familia” ha continuado siendo centro de atención, como lo revelan el “encuentro de los superiores generales” (de la Familia Trinitaria) tenido en Roma del 15 al 17 de mayo de 1987 y el programa del Consejo General de la Orden para el año 1987 centrado sobre “Impulsar el crecimiento del ser y hacer familia”
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