LITURGIA: MAYO
 

7 de mayo

TRASLADO DE LAS RELIQUIAS DE SAN JUAN DE MATA

Memoria

El cuerpo de San Juan de Mata, que fue enterrado con todos los honores el 21 de diciembre de 1213 en la iglesia de Santo Tomás in Formis, Roma, fue traslado privadamente a Madrid el año 1655, y presentado al Nuncio Apostólico de España. La Sagrada Congregación de Ritos, habiendo practicado un nuevo reconocimiento, decretó, con la aprobación de Inocencio XIII, la constatación de la identidad.

La parte más importante de las reliquias del Santo Fundador fue traslada a Salamanca, al Colegio de la Orden de la Santísima Trinidad, el 8 de octubre de 1966; otra parte de las mismas quedó en Madrid, en el monasterio de las monjas trinitarias.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por el Espíritu Santo nos ha hecho hijos de Dios, aleluya.

Salmo invitatorio como en el Ordinario.

Oficio de lectura

HIMNO

Título insigne, las edades todas,

Padre, te dan de redentor excelso,

mientras a esclavos, de cadenas duras

quitas el peso.

 

Dios mismo alaba lo que a cabo llevas

y en ti sello de prodigios pone;

diciendo misa se te muestra Cristo

resplandeciente.

 

Funda nuestra Orden, se le suma Félix,

fiel compañero de trabajo; juntos

dan culto al Trino y, tricolor enseña

da a sus alumnos.

 

Africa cede en su furor, quebranta

con precio justo la cadena injusta,

y a muchos presos, de mazmorra oscura

vuelve a sus costas.

 

Dios Uno y Trino, te rogamos, rompas,

si una cadena nos amarra el alma.

Forma, tú, Cristo, de servidumbre libre

Tu gran familia. Amén

 

SEGUNDA LECTURA

De la carta de recomendación de Juhel de Mathefelon, arzobispo de Tours.

(Colecc. Tesoro de anécdotas de Edmundo Marténe y Ursino Durand, O.S.B.; París 1717, tom I, Col 1019, del ms. del monasterio de Montmajour)

Servidores de la Trinidad y de los cautivos

La Orden de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos, como viña elegida del Señor, y como vid brote verdaderamente que le proporciona tan admirable crecimiento, ha extendido sus sarmientos, no sólo de mar a mar, sino también allende los mares, hasta hacerlos brotar junto a los cauces de las aguas que discurren en la ciudad de París, donde la munificencia del amor divino les ha procurado la sagrada doctrina y para apagar la sed con el agua saludable de la sagrada doctrina y para cumplir su formación.

Quisiéramos ahora recomendar con toda confianza a vuestra benevolencia esta viña elegida y sus sarmientos, porque no seremos solamente nosotros los que nos beneficiaremos del suave olor de esta flor y de su buen nombre, testimoniando por la bien conocida y universal estima, sino que también la Iglesia podrá saciarse con la abundancia de sus frutos.

Por esta razón, confiando en vuestra delicada piedad, con todo el afecto del corazón, le pedimos y suplicamos, por el honor y el amor de la santa y gloriosa Trinidad, de la que estos religiosos son devotísimos servidores, que se digne remitir a vuestra diócesis cartas de favor y de benevolencia, con las indulgencias concedidas por el Papa a aquellos fieles que entregan sus limosnas. Podrán así recibir de Dios, dador generoso de todo bien, una recompensa en el cielo, participando de los méritos de la vida que estos religiosos inmolan con sacrificio incesante y asidua mortificación, y de la caridad con la que, no solamente entregan sus pertenencias, sino hasta a sí mismos para los pobres y para la redención de los cautivos.

Considérelos, por favor, como doblemente merecedores de su benevolencia y gracia porque están totalmente empeñados en el estudio de las cosas sagradas, y se ofrecen en sacrificio a Dios en el fiel cumplimiento de la observancia de una Orden austera y rigurosa; y porque entregándose a sí mismo y todos sus bienes con generosa profusión para sustento de los pobres y para la redención de los cautivos, no solamente adquieren tesoros para el cielo, sino que gozan desde ahora de la preciosa y grata recompensa que después recibirán del Señor.

RESPONSORIO Cf 1 Ts 2, 8; Ga 4, 19

R. Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras personas, Porque os habías ganado nuestro amor. Aleluya.

V. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros. Aleluya. Porque os habíais ganado.

La oración como en Laudes

Laudes

HIMNO

 

Dios omnipotente, escucha

las súplicas que presentan

los que tu siervo ilustre

la solemnidad celebran.

 

Resplandeció por sus hechos

y sus virtudes selectas;

y a los que en tu casa moran

fue como lámpara nueva.

 

Fue una víctima viviente

a su paso por la tierra.

En sí dio muerte a los vicios,

llevó de la cruz las huellas.

 

Oh Cristo, ya convertido

en su triunfo y gloria eterna,

danos de la vida el gozo

porque él por nosotros ruega.

 

Sea la gloria a Dios Padre,

el Hijo la gloria tenga,

al Espíritu Paráclito

la gloria por siempre sea. Amén.

 

LECTURA BREVE Ef 4, 32; 5, 1-2

Sed bondadosos y compasivos los unos con los otros, y perdonaos mutuamente, como Dios os ha perdonado por medio de Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos. Y haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios.

RESPONSORIO BREVE

R. Seguid mi ejemplo, y el Dios de la paz estará con vosotros, Aleluya, aleluya. Seguid mi ejemplo.

V. Lo que aprendisteis y recibisteis de mí, hacedlo. Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. Seguid mi ejemplo.

Benedictus, ant. En todas las oblaciones alabamos al Creador del universo, por Jesucristo, su Hijo, y por el Espíritu Santo, aleluya.

PRECES

A Cristo, sacerdote eterno, ungido por el Padre con el Espíritu Santo para anunciar la libertad a los cautivos, pidámosle humildemente:

Mira, Señor, a los que has redimido

Señor Jesús, que seamos movidos por el Espíritu Santo, y caminemos siempre como verdaderos hijos de Dios.

Jesús, sacerdote nuestro, que alabas al Padre en el Espíritu Santo, asocia a todos los hombres a tu alabanza.

Tú que nos has llamado con tu santa vocación, haz que sepamos acoger con fe y caridad a los débiles, enfermos y marginados.

Señor, que por el Espíritu nos has hecho hijos de Dios, únenos a ti, mediante el mismo Espíritu, en la alabanza al Padre.

Te damos gracias, oh Cristo, y al Padre por ti en el Espíritu Santo; concédenos, por intercesión de nuestro Padre San Juan, hacer todo en tu nombre de palabra y de obra.

Padre nuestro.

Oración

Dios omnipotente y misericordioso, que para promover la gloria de la Trinidad y socorrer las necesidades del prójimo inflamaste de amor divino a nuestro Padre San Juan, sacerdote; concédenos, por su intercesión, imitar su espíritu y ser testigos de la Redención en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Vísperas

HIMNO

Suplicantes cantemos la alabanza

del bueno, fiel y bienhadado siervo,

a gloria y alabanza del Dios Trino

que, a quienes le confiesan, les da el premio.

 

Del mundo desdeñó las cosas prósperas,

del mismo modo que aceptó lo adverso.

Cifró en la caridad toda riqueza,

en la gracia de Dios permaneciendo.

 

Despreciando del mundo las riquezas,

igual que sus peligros y sus riesgos,

se afanó por las cosas celestiales,

eludiendo lo vil perecedero.

 

¡Oh varón justo, bienaventurado!,

aplica tu interés a nuestros ruegos;

da a nuestra alma el consuelo del Bien Sumo,

y Él nos prepare de la vida el premio.

 

Honor, poder y gloria sea dado

al Dios Trino, por siglos sempiternos.

Que siempre esté su ayuda con nosotros,

de sus santos por medio de los ruegos. Amén.

LECTURA BREVE Flp 3, 17; 4, 9

Imitad mi ejemplo, hermanos, y fijaos en quienes me han tomado como norma de conducta. Practicad asimismo lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

RESPONSORIO BREVE Cf Ef 3, 14-19

R. El amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento, y que Cristo habite en vuestros corazones, Aleluya, aleluya. El amor.

V. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la Plenitud de Dios. Aleluya, aleluya. Gloria al Padre. El amor.

Magnificat, ant. Seguid mi ejemplo, como yo el de Cristo. Robusteceos por su Espíritu en lo profundo de vuestro ser, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía; el amor cristiano, aleluya.

PRECES

Demos gracias a Dios Padre, que nos ha salvado por medio del baño de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo, que ha sido derramado abundantemente sobre nosotros, por medio de Jesucristo, nuestro Redentor. Por eso, oremos:

Vivifícanos, Señor, con tu Espíritu Santo.

Por medio de tu Hijo, envía Padre, tu Espíritu Santo a la Iglesia, para que sea el sacramento de unidad de todos los hombres.

Por tu Hijo, socorre a los pobres, libera a los encarcelados y da la salud a los enfermos, y que tu Espíritu Santo alegre el mundo con los beneficios de la Redención.

Tú que ungiste a Cristo con la fuerza del Espíritu Santo como ministro de salvación, haz que pase de nuevo en medio de nosotros haciendo el bien y curando a todos.

A los que, por medio del Espíritu Santo, has llamado a la perfección evangélica, haz que, caminando tras las huellas de nuestro Padre San Juan, sigamos a Cristo, tu Hijo, con inquebrantable fidelidad.

Tú que creaste al hombre a tu imagen y lo renovaste en Cristo por el Espíritu Santo, haznos conformes a la imagen de tu Hijo.

Acoge benignamente a nuestros hermanos difuntos en la patria celestial, donde con el Hijo y con el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos.

Padre nuestro.

Oración

Dios omnipotente y misericordioso, que para promover la gloria de la Trinidad y socorrer las necesidades del prójimo inflamaste de amor divino a nuestro Padre San Juan, sacerdote: concédenos, por su intercesión, imitar su espíritu y ser testigos de la Redención en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

11 de mayo

BEATO DOMINGO ITURRATE, PRESBÍTERO

Memoria

Nació en Dima (Vizcaya) el 11 de mayo de 1901. Educado cristianamente por sus padres, se sintió pronto atraído por la vida religiosa y sacerdotal. Ingresó en la Orden Trinitaria, viviendo con entusiasmo su espiritualidad. Apenas ordenado sacerdote (1925), enfermó gravemente. Aceptó la enfermedad, el dolor y la muerte sin tristeza ni queja; más aún, con amor y gozosa sumisión a la voluntad de Dios. Murió en Belmonte, Cuenca (España), el 7 de abril de 1927. Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983. Sus restos reposan en Algorta (Vizcaya), en la iglesia del Redentor.

Del Común de pastores o de los santos: religiosos.

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, por quien tenemos acceso al Padre en el Espíritu Santo. Aleluya.

El salmo invitatorio como en el Ordinario.

SEGUNDA LECTURA

De la homilía del papa Juan Pablo II, el la beatificación de Domingo Iturrate.

(AAS, 1984, 82-83)

La conformidad con la voluntad de Dios sea absoluta, sin excepción y constante

 

Hoy nuestra Madre la Iglesia, con palabras del libro de la Sabiduría, expresa el amor con que Dios abraza a todas las criaturas. Este amor de Dios brilla de modo especial en la santificación del hombre. Por esta razón la Iglesia se regocija en este día, pues tres de sus hijos, colaborando con la gracia de Dios, han recorrido el camino que conduce a la santidad.

La segunda figura eclesial elevada hoy a los altares, el religioso trinitario Domingo Iturrate Zubero, nace en tierras de España, en el País Vasco. Su breve existencia, de apenas 26 años, contiene un rico mensaje, que se concreta en la tensión constante hacia la santidad. En ese camino hay algunas características peculiares, que deseo reseñar en síntesis.

El cumplimiento fiel de la voluntad de Dios es una meta que alcanza cotas muy altas, sobre todo en los últimos años de su vida. Por eso, en 1922 escribirá en sus notas espirituales: "Nuestra conformidad con la voluntad divina ha de ser entera, sin reservas y constante". Animado de ese espíritu, y con el consentimiento de su director espiritual, hace voto de "hacer siempre lo que conociere ser más perfecto", proponiéndose además "no negar nada a Dios Nuestro Señor, sino seguir en todo sus santas inspiraciones, con generosidad y alegría".

Como religioso trinitario, procuró vivir según los dos grandes ejes de la espiritualidad de su Orden: el misterio de la Santísima Trinidad y la obra de la redención, que en él se hacía vivencia de intensa caridad. Y en cuanto sacerdote, tuvo una clara idea de su identidad como "mediator entre Dios y los hombres", o "representante del Sacerdote Eterno, Cristo". Todo lo cual le llevaba a vivir cada Eucaristía como un acto de personal inmolación, unido a la Suprema Víctima, en favor de los hombres.

No menos notable fue la presencia de María en la trayectoria espiritual del nuevo Beato. Desde la infancia hasta la muerte. Una devoción que vivió con gran intensidad y que procuró inculcar siempre en los demás, convencido como estaba de "cuán bueno y seguro es ese camino: ir al Hijo por medio de la Madre".

Estos solos trazos nos ponen delante la fuerza de un modelo y ejemplo válidos para hoy. Con su testimonio de fidelidad a la llamada interior y de respuesta generosa a la misma, el Beato Domingo muestra a nuestros días un sendero a seguir: el de una fidelidad eclesial que plasma la identidad interior y que conduce a la santidad.

Los santos nos hablan de la gloria del Reino de Dios. Proclaman el poder de la Redención de Cristo: el poder de la Cruz y de la Resurrección. Son un vivo testimonio de que el Creador y Padre ama a todas las cosas creadas.

Hoy deseamos acoger este testimonio en el tesoro de la santidad que la Iglesia custodia con gran veneración y gratitud.

RESPONSORIO Cf. Ef 1, 4-5; Col. 1, 3

R. Dios nos eligió en la persona de Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Para que la gloria de su gracia redunde en alabanza suya. Aleluya.

V. Y nos ha traslato al reino de su Hijo querido. Para que la gloria.

O bien:

RESPONSORIO Cf. Is 38, 3; 1Jn 2, 6; 5, 3

R. Vivamos con corazón sincero e integro delante de nuestro Dios; Caminemos en su ley y guardemos sus mandamientos. Aleluya.

V. En esto consiste el amor de Dios: Caminemos.

O bien:

SEGUNDA LECTURA

De una carta del Beato Domingo, presbítero, a sus padres

(Vida de Fr. Domingo del Santísimo Sacramento, Madrid, 1928, pp. 117-120)

¡Felices las familias que tienen entre sus miembros un sacerdote!

Queridísimos padres: La Santísima Trinidad reine siempre en nuestros corazones.

Con Gran placer tomo la pluma para darles noticias del fausto acontecimiento de mi ordenación sacerdotal, para que ustedes tengan también parte en el gozo y contento de que mi alma se halla llena.

Nuestra ordenación tuvo lugar el día 9 de agosto, y el día 15 canté solemnemente la primera misa, la cual apliqué por el bien de la familia y de los parientes.

¡Oh, mis padres! ¡Quisiera que usted también sintieran el gozo de que se halla mi alma embargada, al verme ligado con los santos votos de la religión y elevado a la sublime dignidad sacerdotal! ¡Sea mil veces bendita la Santísima Trinidad por haberme sacado de los peligros del mundo y colocándome en el puerto de la religión!

Gracias, amados padres, que a costa de un gran sacrificio, me dejaron el impulso divino que me llamaba. Tuvieron que hacer un dificultoso sacrificio al dejarme salir de casa. Vencieron todo y me dejaron ir a donde Dios me llamaba; y ahora nos hallamos ustedes y yo llenos de contento y felicidad; ustedes, por contar con un sacerdote entre los miembros de su familia; yo, por verme dentro de estos sagrados muros hecho un representante de Jesucristo, eterno sacerdote. ¡Oh, mis padres! No saben el sentimiento de gratitud que sienten los hijos hacia sus padres cuando éstos les han ayudado a poner en ejecución el designio de hacerse religioso y sacerdote.

...Yo he sido constituido mediator entre Dios y los hombres. Por eso pediré mucho al Señor por toda la familia, cuando ofrezca el santo sacrificio de la misma. Y para que mis oraciones sean más eficaces, procuremos estar todos siempre en la gracia y amistad de Dios, no permitiendo que por el pecado mortal entre el demonio en nuestras almas.

¡Sean felices y mil veces felices las familias que entre sus miembros tienen un sacerdote que interceda por ellos! ¡felices los padres que en su vejez, cuando ven cercana la muerte, puedan decir: "¡Tengo un hijo sacerdote que ofrece sacrificios por mí! ¡Qué consuelo sentirán entonces en sus almas!"

Dios nuestro Señor les bendiga y conserve siempre en su santa gracia.

RESPONSORIO Sal 83, 2-3. 5

R. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor. Aleluya.

V. Los que viven en tu casa te alabarán siempre. Mi alma.

O bien:

RESPONSORIO cf. Dn 1, 17

R. Otorgó el Señor a este joven sabiduría y entendimiento; Y confirmó su corazón con el don del Espíritu. Aleluya.

V. sacerdote de Dios, meditó su ley día y noche. Y confirmó su corazón.

La oración como en Laudes

Laudes y Vísperas

HIMNO

 

Todo lo dejaste

para hacerte santo.

Y lo fuiste tanto

que al cielo llegaste.

Aquí nos dejaste

tu huella ejemplar.

Hoy al celebrar

tu santa memoria,

nos llena tu gloria

de gozo sin par.

 

Tu vida llenaba

Cristo-Eucaristía;

y Santa María

tus pasos guiaba.

Allí se abrasaba

tu pecho, de amor;

y cuando el dolor

llegó hasta tu tienda,

te hiciste una ofrenda

con el Redentor.

 

Rumor de oraciones,

Domingo, te llega;

la Iglesia te ruega

por las vocaciones.

Que en los corazones

de la juventud

se encienda la luz

de Cristo invitando.

Él sigue llamando

a tomar su cruz.

 

Oh Dios, te alabamos

y te bendecimos;

tu favor pedimos,

tu gloria cantamos

y gracias te damos

por cuanto nos das.

Nos quieres dar más;

Por eso esperamos

el cielo al que vamos;

Tú el premio serás.

Oración

Dios, dador de todo bien, que de modo admirable revelaste las ocultas riquezas de la Santa Trinidad y del misterio Eucarístico al Beato Domingo Iturrate, presbítero; reunidos, por su intercesión, que todos los pueblos, reunidos en torno a tu altar, te conozcan y amen sin cesar como al Único Dios vivo y verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Dios todopoderoso y eterno, que has querido dejarnos en el Beato Domingo Iturrate un claro testimonio de perfección evangélica y de ferviente devoción a los misterios de la Santa Trinidad y de la Sagrada Eucaristía; concédenos, por su intercesión, la gracia de reconocer en ti la fuente de todo bien, para que amándote con todo el corazón en esta vida, podamos alabarte por siempre en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

SANTÍSIMA TRINIDAD

Titular de toda la Familia Trinitaria

DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Solemnidad

Todo como en la Liturgia de las Horas